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	<title>Amartemas &#8211; Jaime García Chávez</title>
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	<title>Amartemas &#8211; Jaime García Chávez</title>
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		<title>Verdi llega a Chihuahua</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Dec 2025 16:52:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
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					<description><![CDATA[El gran músico italiano Giuseppe Verdi llegará a Chihuahua este fin de semana. Su obra será ejecutada por la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua (OFECH), bajo la batuta del maestro Iván Del Prado, con el coro de la maestra Tatevik Ayvazyan, y un elenco encabezado por Génesis Moreno (Violetta), Isaac Hurtado (Alfredo) y Juan Carlos Heredia (Giorgio Germont). De una o de otra forma Verdi ha estado presente en la magra historia cultural de la entidad. Por ejemplo, Friedrich Katz, en su voluminosa biografía de Pancho Villa nos da cuenta que un 15 de enero del lejano 1914 se convocó a una de las clásicas veladas literario-musicales que registra el costumbrismo de la época para celebrar la limpieza del estado de Chihuahua de traidores huertistas, luego de la Toma de Ojinaga.&#160; En aquel año el escenario fue el Teatro de los Héroes, lamentablemente perdido en un incendio, y el motivo de la velada fue homenajear a Villa. Entonces un par de pianistas, Margarita Romero y Carmen Corral, brindaron un recital de Il Trovatore, una de las piezas notables del compositor italiano. Ahora, ciento once años después, tendremos a Verdi de nuevo en Chihuahua, en un teatro que lleva el mismo nombre –pero no es el mismo– con la obra La Traviata, estrenada en Venecia en 1853 sin mucho éxito, no obstante que con posterioridad se convirtió en imprescindible en las salas de conciertos del mundo. El libreto toma la novela La dama de las camelias, de Alejandro Dumas (hijo) como argumento y esencialmente trata de un tema que si ahora es difícil, entonces lo era mucho más: el amor cortesano, que se había prolongado hasta bien entrado el siglo XIX.&#160; En la obra se combina el amor y un desenlace fatal de muerte, precisamente de Violetta, enferma de tuberculosis (perdón por el spoileo).&#160; En realidad, esta breve nota pretende plantear como interrogación ese dilema que ha acompañado a muchos músicos y poetas, y más a las grandes líneas de la crítica: ¿El creador revela su personalidad en la obra o puede estar absolutamente distante de la misma, como lo estaría un cirujano al operar a un paciente?&#160; Hay quienes como el notable filósofo e historiador de las ideas, Isaiah Berlin, piensan que Verdi fue de los últimos artistas naif, aunque luego en una entrevista se retracta para hacer una disección entre lo ingenuo y lo sentimental, entendiendo por esto último el propio retrato del creador. Sea cual sea la opinión por la que uno se decante, no se deja de pensar que quien compone una obra tan excelsa sea absolutamente ajeno a la narrativa que lo contiene y a la propia biografía, por más que los investigadores precisen los momentos en los que las obras aparecen.&#160; Verdi fue notable por muchas otras obras y jugó un papel esencial en el resurgimiento de Italia, que estaba “balcanizada” en un as abigarrado de pequeños estados, con el predominio externo de los austriacos. En esa línea dio cuerpo al sentido de nacionalismo que concluyó en la instauración de una monarquía que llegó hasta finales de fascismo de Mussolini, a mediados del siglo XX. El autor italiano es lo que se puede considerar un inmortal de la música. Y no quiero omitir lo que el mismo Dumas escribió en su famosa novela y que a algunos les ha sucedido: “Querida Margarite, no soy lo suficientemente rico como para poder amarla de la forma que me gustaría; pero tampoco soy tan pobre como para dejarme amar como usted pretende”. Es la fuerza del destino. Libiamo, libiamo.]]></description>
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<p>El gran músico italiano Giuseppe Verdi llegará a Chihuahua este fin de semana. Su obra será ejecutada por la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua (OFECH), bajo la batuta del maestro Iván Del Prado, con el coro de la maestra Tatevik Ayvazyan, y un elenco encabezado por Génesis Moreno (<em>Violetta</em>), Isaac Hurtado (<em>Alfredo</em>) y Juan Carlos Heredia (<em>Giorgio Germont</em>). De una o de otra forma Verdi ha estado presente en la magra historia cultural de la entidad.</p>



<p>Por ejemplo, Friedrich Katz, en su voluminosa biografía de Pancho Villa nos da cuenta que un 15 de enero del lejano 1914 se convocó a una de las clásicas veladas literario-musicales que registra el costumbrismo de la época para celebrar la limpieza del estado de Chihuahua de traidores huertistas, luego de la Toma de Ojinaga.&nbsp;</p>



<p>En aquel año el escenario fue el Teatro de los Héroes, lamentablemente perdido en un incendio, y el motivo de la velada fue homenajear a Villa. Entonces un par de pianistas, Margarita Romero y Carmen Corral, brindaron un recital de <em>Il Trovatore</em>, una de las piezas notables del compositor italiano.</p>



<p>Ahora, ciento once años después, tendremos a Verdi de nuevo en Chihuahua, en un teatro que lleva el mismo nombre –pero no es el mismo– con la obra <em>La Traviata</em>, estrenada en Venecia en 1853 sin mucho éxito, no obstante que con posterioridad se convirtió en imprescindible en las salas de conciertos del mundo.</p>



<p>El libreto toma la novela <em>La dama de las camelias</em>, de Alejandro Dumas (hijo) como argumento y esencialmente trata de un tema que si ahora es difícil, entonces lo era mucho más: el amor cortesano, que se había prolongado hasta bien entrado el siglo XIX.&nbsp;</p>



<p>En la obra se combina el amor y un desenlace fatal de muerte, precisamente de <em>Violetta</em>, enferma de tuberculosis (perdón por el spoileo).&nbsp;</p>



<p>En realidad, esta breve nota pretende plantear como interrogación ese dilema que ha acompañado a muchos músicos y poetas, y más a las grandes líneas de la crítica: ¿El creador revela su personalidad en la obra o puede estar absolutamente distante de la misma, como lo estaría un cirujano al operar a un paciente?&nbsp;</p>



<p>Hay quienes como el notable filósofo e historiador de las ideas, Isaiah Berlin, piensan que Verdi fue de los últimos artistas <em>naif</em>, aunque luego en una entrevista se retracta para hacer una disección entre lo ingenuo y lo sentimental, entendiendo por esto último el propio retrato del creador.</p>



<p>Sea cual sea la opinión por la que uno se decante, no se deja de pensar que quien compone una obra tan excelsa sea absolutamente ajeno a la narrativa que lo contiene y a la propia biografía, por más que los investigadores precisen los momentos en los que las obras aparecen.&nbsp;</p>



<p>Verdi fue notable por muchas otras obras y jugó un papel esencial en el resurgimiento de Italia, que estaba “balcanizada” en un as abigarrado de pequeños estados, con el predominio externo de los austriacos. En esa línea dio cuerpo al sentido de nacionalismo que concluyó en la instauración de una monarquía que llegó hasta finales de fascismo de Mussolini, a mediados del siglo XX.</p>



<p>El autor italiano es lo que se puede considerar un inmortal de la música. Y no quiero omitir lo que el mismo Dumas escribió en su famosa novela y que a algunos les ha sucedido: “Querida Margarite, no soy lo suficientemente rico como para poder amarla de la forma que me gustaría; pero tampoco soy tan pobre como para dejarme amar como usted pretende”. Es la fuerza del destino.</p>



<p><em>Libiamo</em>, <em>libiamo</em>.</p>
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		<title>Con las uñas llenas de tinta</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/con-las-unas-llenas-de-tinta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Nov 2025 16:05:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[Dedicado al equipo de periodistas que hacen posibleLa Verdad Juárez, en particular a su fundadora,Rocío Gallegos. “Si los telares tejieran solos”, dijo Aristóteles. Si la tipografía se acomodara sola, coherente, y la tinta cayera milagrosamente del cielo, reproduciendo textos o imágenes, sería la utopía realizada con la que todos estaríamos bien vestidos y, además, ilustrados, informados de manera notable y, porque es bueno decirlo, sin malestar ni dolor. Pero eso sólo es un sueño. Leí con verdadera emoción el libro de Corinna Zeltsman, Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el México decimonónico, e irremediablemente evoqué que mi padre, Carlos García Delgado, fue hombre clave de la imprenta y el periodismo en la ciudad de Camargo, Chihuahua, y que en su taller aprendí los oficios de cajista, prensista y algo de periodismo que conservaba el aroma de los tiempos que la autora, académica de las universidades de Duke y Princeton, narra en su obra, producto de una acuciosa y bien sustentada investigación que alcanza el grado de erudición en esta materia. La obra aborda al inicio y con brevedad las notas pertinentes que nos permiten ubicar la transición del México novohispano, colonial y borbónico hacia el efímero imperio de Agustín de Iturbide y las experiencias de la Primera República en torno a la imprenta, su libertad, sus actores y una sociedad expectante, analfabeta en su inmensa mayoría, en el complejo juego del poder civil, eclesiástico, militar, político e intelectual, y el peso que se le otorgó a la imprenta como objeto-máquina en un largo y sinuoso camino que en un momento dado llegó a encontrar que los ciudadanos existen y que la libertad de expresión va imponiendo sus exigencias humanas al poder establecido, del corte que sea. Durante la Colonia, tener en propiedad una imprenta, producir textos y distribuirlos estaba reservado sólo para quienes tenían un privilegio, consistente en una autorización de exclusividad por parte de la Corona española, lo que no era fácil de obtener; y por lo general la imprenta, el impresor y sus operarios estaban sujetos al escrutinio de una censura rigurosa que era monopolizada por la mezcla de poder del virrey y del alto clero, sin trazos claros de una frontera entre ambas autoridades. Cuando estalló la Revolución francesa en 1789 y se desencadenaron un sinnúmero de transformaciones políticas, el régimen colonial fue más cuidadoso con la imprenta; sabía de la fuerza que había alcanzado y la influencia que en todas las actividades empezaban a tener las grandes ideas de la Ilustración que se soportaban en esa nueva tecnología como su instrumento formidable. Un medio de comunicación establecido entre el epicentro revolucionario europeo con la Nueva España lo representó la simple correspondencia que llegaba hasta lo que hoy es México. Zelstman lo precisa así: “Las cartas se volvieron cada vez más importantes cuando, tras el estallido de la Revolución francesa, el virrey aumentó la supervisión de los materiales impresos y, durante un tiempo, trató de aplicar la censura de los comentarios políticos sobre Francia mediante la promulgación de lo que Gabriel Torres Puga ha calificado como una ‘política del silencio’” (p. 46). Fue un largo proceso en el que se fue larvando la Independencia a la vez que se fue elevando con fuerza la imprenta, que era, sin discusión alguna, una tecnología a través de la cual se empezó a disputar el poder. Los primeros insurgentes no dudaron en tener la propia, o articular acciones para llevar materiales impresos y hacer prosélitos. La lucha por arrancar los símbolos se empezó a expresar en letra impresa y en estampas, pues no se podía aspirar a ejercer un poder si no era igual o semejante al del adversario, o al menos contar con cierto equilibrio que mostrara poder, aunque esto era, en mucho, aparente, pero políticamente muy eficaz. La autora se detiene a analizar lo que produjeron las Cortes de Cádiz y del constitucionalismo que ahí brotó. Nos narra: “Con el telón de fondo de la guerra de Independencia, llegaron a la Nueva España nuevas leyes relacionadas con las expresiones impresas, leyes que desestabilizaron aún más las certezas sobre los usos de los impresos y plantearon interrogantes sobre el poder y la influencia de los impresores. Decretada inicialmente en Cádiz como parte de la revolución liberal que se desarrollaba en las cortes, la ley permitía la discusión de los temas políticos en los impresos y abolió los mecanismos de censura, como los privilegios reales y el examen de la Inquisición” (p. 83). Fue así que se abrió una etapa de grandes debates, colocando en el centro a la imprenta como una máquina casi con propia vida y a la que parecían estar adosados el propietario, el editor, los prensistas, especialmente los cajistas (los encargados de “parar” los tipos y los originales), los correctores y también el que tenía que “responder” por el impreso cuando derivaba en incómodo para el poder representado, en la época colonial, por el virrey y su burocracia, el alto clero que se asumía como censor y custodio de la ortodoxia católica. La relación imprenta-máquina con el ser humano descrita en este libro me remitieron a las apreciaciones del joven Marx sobre el empoderamiento de las máquinas, e incluso me trasladó a las discusiones que existen hoy sobre la inteligencia artificial. Cuando había actos tipificados por el poder como faltas o delitos, no había delimitaciones ni fronteras posibles; el propietario y todos los trabajadores eran responsables, al igual que los autores intelectuales del texto. Se llegó al extremo de tener a la imprenta como imputable, concediéndole la calidad de personificación volitiva para castigarla, fuera incautándola o destruyéndola. Lograda la Independencia hubo una secuela del poder colonial que fue la pretensión de mantener bajo control la imprenta y todo el entorno humano que la hacía posible. De entonces data, en particular, que el poder político intente reiteradamente mantenerla bajo control, sea mediante actos represivos, enjuiciamientos, o con los renovados privilegios de patrocinar a quienes empleaban sus máquinas para apoyar el poder establecido. En esas correlaciones estuvo presente la de convertir al propietario de la imprenta, o al editor, en un censor de hecho, sin que el alto clero renunciara a la lucha contra los impresos proscritos, como fue el escándalo de la publicación de una novela, Les Mystères de l’Inquisition, en cuyo tema, al ser expuesto por la autora, se pueden sopesar todas las conexiones que amenazaban al establecimiento de una imprenta con derechos; de ahí que se hablara de la “ley de imprenta”, término que se impuso por mucho tiempo. Las primeras etapas del México independiente exhibieron la miseria a la que se pretendió reducir a la imprenta como un medio para expresar el pensamiento. El triunfo de la Revolución de Ayutla y la Constitución de 1857 trajeron nuevos tiempos para la libertad, pero el proceso político derivó hacia una guerra de tres años que ganaron los liberales. Luego vino el imperio de Maximiliano, que tuvo como una de sus principales decisiones el establecimiento, en Palacio Nacional, de la más poderosa imprenta existente en México hasta ese momento. Como nadie sabe para quién trabaja, cuando cayó el imperio lo primero que se hizo fue apoderarse de esa imprenta y ponerla en funcionamiento. Incluso de esa imprenta liberal uno de sus primeros directores fue el legendario Filomeno Mata. Pudiéramos pensar que con la llegada de los liberales todo iba a cambiar en materia de libertad de imprenta. Y en efecto, llegaron nuevos tiempos, en particular los de la llamada “República restaurada”; se crearon imprentas empresariales y periódicos tan importantes como el Siglo Diez y Nueve, de Ignacio Cumplido; El Diario del Hogar, de Filomeno Mata; hasta llegar al Hijo del Ahuizote, de Daniel Cabrera, y Regeneración, a cargo de los hermanos Flores Magón. El liberal Francisco Zarco, constituyente en 1857, a la vez que periodista también fue víctima de los atropellos de los gobernantes; tiene en la obra un lugar preponderante por la legislación preconizó y que a la postre recogió en Querétaro la Constitución de 1917. En ese gran aporte está plasmada el ideal liberal en materia de libertad de pensamiento y expresión, que Marx, en otro escenario, cuestionó porque en la declaración general se establece la libertad y a continuación las excepciones a la misma, que inspiran a los persecutores. En este apartado de la obra de Zeltsman brilla por su ausencia la Ley de Imprenta de Carranza, dictada a dos meses de promulgada la Constitución de 1917, hoy abrogada, pero que tenía un claro tufo represor. El porfiriato se caracterizó por su endurecimiento hacia la libertad de imprenta y fueron los tiempos en los que se pagaba recurrentemente con cárcel las libertades que se ejercían; también fue el momento en que se fueron decantando los oficios dentro de la imprenta, liquidando a la postre la idea de que el cajista era un notable del que brotaba el pensamiento bien elaborado y hasta la poesía. Fueron momentos históricos en los que se empezó a conocer en México un socialismo propio de los países que no habían arribado a un capitalismo más desarrollado en su tiempo, hablándose de mutualismo y respaldándose en Proudhon. * * * En las imprentas que conocí en los primeros años de mi vida política siempre palpé una especie de misterio, un halo místico, un orgullo por estar en un espacio o recinto con su propia y distinta atmósfera. Era un lugar frontera: había una afuera y una adentro, donde moraban hombres y máquinas que sabían lo poderosos que eran o podían ser. Todas la imprentas, sus dueños y operarios aquí en Chihuahua nos fueron familiares cuando nos afanábamos en comunicar nuestro pensamiento opositor, revolucionario, socialista. Había unas imprentas donde se nos rechazaba por convicción de sus dueños y periódicos que hacían lo mismo porque era frecuente que tuvieran miedo a las represalias del gobierno o perder a este como cliente o patrocinador. En otras, en cambio, nos daban abrigo, y en una de ellas, la Imprenta Hernández, estaba estampado en el mostrador principal el pensamiento de Beatrice Lamberton Warde: “Desde este lugar las palabras vuelan por el mundo; no para extinguirse como ondas de silencio, ni alterarse por la escritura, sino para quedar fijas en el tiempo, luego de haber sido corregidas en la prueba. Amigo, estás en terreno sagrado. Esto es una imprenta”. Fue un mundo maravilloso al que mucho le debemos, pero ya se fue. Es agua mágica que más que pasar por debajo del puente, contribuyó a construirlo para dar paso a la libertad y a lo mejor de nuestra cultura. Zeltsman, Corinna. Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el México decimonónico. Traducción de Mario A. Zamudio Vega. Revisión técnica de Marina Garone Gradier. Editoral Grano de Sal. México, 2024.]]></description>
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<p class="has-text-align-right">Dedicado al equipo de periodistas que hacen posible<br>La Verdad Juárez, en particular a su fundadora,<br>Rocío Gallegos.</p>



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<p>“Si los telares tejieran solos”, dijo Aristóteles. Si la tipografía se acomodara sola, coherente, y la tinta cayera milagrosamente del cielo, reproduciendo textos o imágenes, sería la utopía realizada con la que todos estaríamos bien vestidos y, además, ilustrados, informados de manera notable y, porque es bueno decirlo, sin malestar ni dolor. Pero eso sólo es un sueño.</p>



<p>Leí con verdadera emoción el libro de Corinna Zeltsman, <em>Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el México decimonónico</em>, e irremediablemente evoqué que mi padre, Carlos García Delgado, fue hombre clave de la imprenta y el periodismo en la ciudad de Camargo, Chihuahua, y que en su taller aprendí los oficios de cajista, prensista y algo de periodismo que conservaba el aroma de los tiempos que la autora, académica de las universidades de Duke y Princeton, narra en su obra, producto de una acuciosa y bien sustentada investigación que alcanza el grado de erudición en esta materia.</p>



<p>La obra aborda al inicio y con brevedad las notas pertinentes que nos permiten ubicar la transición del México novohispano, colonial y borbónico hacia el efímero imperio de Agustín de Iturbide y las experiencias de la Primera República en torno a la imprenta, su libertad, sus actores y una sociedad expectante, analfabeta en su inmensa mayoría, en el complejo juego del poder civil, eclesiástico, militar, político e intelectual, y el peso que se le otorgó a la imprenta como objeto-máquina en un largo y sinuoso camino que en un momento dado llegó a encontrar que los ciudadanos existen y que la libertad de expresión va imponiendo sus exigencias humanas al poder establecido, del corte que sea.</p>



<p>Durante la Colonia, tener en propiedad una imprenta, producir textos y distribuirlos estaba reservado sólo para quienes tenían un privilegio, consistente en una autorización de exclusividad por parte de la Corona española, lo que no era fácil de obtener; y por lo general la imprenta, el impresor y sus operarios estaban sujetos al escrutinio de una censura rigurosa que era monopolizada por la mezcla de poder del virrey y del alto clero, sin trazos claros de una frontera entre ambas autoridades.</p>



<p>Cuando estalló la Revolución francesa en 1789 y se desencadenaron un sinnúmero de transformaciones políticas, el régimen colonial fue más cuidadoso con la imprenta; sabía de la fuerza que había alcanzado y la influencia que en todas las actividades empezaban a tener las grandes ideas de la Ilustración que se soportaban en esa nueva tecnología como su instrumento formidable.</p>



<p>Un medio de comunicación establecido entre el epicentro revolucionario europeo con la Nueva España lo representó la simple correspondencia que llegaba hasta lo que hoy es México. Zelstman lo precisa así:</p>



<p>“Las cartas se volvieron cada vez más importantes cuando, tras el estallido de la Revolución francesa, el virrey aumentó la supervisión de los materiales impresos y, durante un tiempo, trató de aplicar la censura de los comentarios políticos sobre Francia mediante la promulgación de lo que Gabriel Torres Puga ha calificado como una ‘política del silencio’” (p. 46).</p>



<p>Fue un largo proceso en el que se fue larvando la Independencia a la vez que se fue elevando con fuerza la imprenta, que era, sin discusión alguna, una tecnología a través de la cual se empezó a disputar el poder. Los primeros insurgentes no dudaron en tener la propia, o articular acciones para llevar materiales impresos y hacer prosélitos. La lucha por arrancar los símbolos se empezó a expresar en letra impresa y en estampas, pues no se podía aspirar a ejercer un poder si no era igual o semejante al del adversario, o al menos contar con cierto equilibrio que mostrara poder, aunque esto era, en mucho, aparente, pero políticamente muy eficaz.</p>



<p>La autora se detiene a analizar lo que produjeron las Cortes de Cádiz y del constitucionalismo que ahí brotó. Nos narra:</p>



<p>“Con el telón de fondo de la guerra de Independencia, llegaron a la Nueva España nuevas leyes relacionadas con las expresiones impresas, leyes que desestabilizaron aún más las certezas sobre los usos de los impresos y plantearon interrogantes sobre el poder y la influencia de los impresores. Decretada inicialmente en Cádiz como parte de la revolución liberal que se desarrollaba en las cortes, la ley permitía la discusión de los temas políticos en los impresos y abolió los mecanismos de censura, como los privilegios reales y el examen de la Inquisición” (p. 83).</p>



<p>Fue así que se abrió una etapa de grandes debates, colocando en el centro a la imprenta como una máquina casi con propia vida y a la que parecían estar adosados el propietario, el editor, los prensistas, especialmente los cajistas (los encargados de “parar” los tipos y los originales), los correctores y también el que tenía que “responder” por el impreso cuando derivaba en incómodo para el poder representado, en la época colonial, por el virrey y su burocracia, el alto clero que se asumía como censor y custodio de la ortodoxia católica.</p>



<p>La relación imprenta-máquina con el ser humano descrita en este libro me remitieron a las apreciaciones del joven Marx sobre el empoderamiento de las máquinas, e incluso me trasladó a las discusiones que existen hoy sobre la inteligencia artificial.</p>



<p>Cuando había actos tipificados por el poder como faltas o delitos, no había delimitaciones ni fronteras posibles; el propietario y todos los trabajadores eran responsables, al igual que los autores intelectuales del texto. Se llegó al extremo de tener a la imprenta como imputable, concediéndole la calidad de personificación volitiva para castigarla, fuera incautándola o destruyéndola.</p>



<p>Lograda la Independencia hubo una secuela del poder colonial que fue la pretensión de mantener bajo control la imprenta y todo el entorno humano que la hacía posible. De entonces data, en particular, que el poder político intente reiteradamente mantenerla bajo control, sea mediante actos represivos, enjuiciamientos, o con los renovados privilegios de patrocinar a quienes empleaban sus máquinas para apoyar el poder establecido.</p>



<p>En esas correlaciones estuvo presente la de convertir al propietario de la imprenta, o al editor, en un censor de hecho, sin que el alto clero renunciara a la lucha contra los impresos proscritos, como fue el escándalo de la publicación de una novela, Les Mystères de l’Inquisition, en cuyo tema, al ser expuesto por la autora, se pueden sopesar todas las conexiones que amenazaban al establecimiento de una imprenta con derechos; de ahí que se hablara de la “ley de imprenta”, término que se impuso por mucho tiempo.</p>



<p>Las primeras etapas del México independiente exhibieron la miseria a la que se pretendió reducir a la imprenta como un medio para expresar el pensamiento. El triunfo de la Revolución de Ayutla y la Constitución de 1857 trajeron nuevos tiempos para la libertad, pero el proceso político derivó hacia una guerra de tres años que ganaron los liberales. Luego vino el imperio de Maximiliano, que tuvo como una de sus principales decisiones el establecimiento, en Palacio Nacional, de la más poderosa imprenta existente en México hasta ese momento. Como nadie sabe para quién trabaja, cuando cayó el imperio lo primero que se hizo fue apoderarse de esa imprenta y ponerla en funcionamiento. Incluso de esa imprenta liberal uno de sus primeros directores fue el legendario Filomeno Mata.</p>



<p>Pudiéramos pensar que con la llegada de los liberales todo iba a cambiar en materia de libertad de imprenta. Y en efecto, llegaron nuevos tiempos, en particular los de la llamada “República restaurada”; se crearon imprentas empresariales y periódicos tan importantes como el Siglo Diez y Nueve, de Ignacio Cumplido; El Diario del Hogar, de Filomeno Mata; hasta llegar al Hijo del Ahuizote, de Daniel Cabrera, y Regeneración, a cargo de los hermanos Flores Magón.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/11/libro-corinna-30nov2025.png.webp"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="719" height="910" data-id="17917" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/11/libro-corinna-30nov2025.png.webp" alt="" class="wp-image-17917" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/11/libro-corinna-30nov2025.png.webp 719w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/11/libro-corinna-30nov2025.png-237x300.webp 237w" sizes="(max-width: 719px) 100vw, 719px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">El libro.</figcaption></figure>



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<p>El liberal Francisco Zarco, constituyente en 1857, a la vez que periodista también fue víctima de los atropellos de los gobernantes; tiene en la obra un lugar preponderante por la legislación preconizó y que a la postre recogió en Querétaro la Constitución de 1917. En ese gran aporte está plasmada el ideal liberal en materia de libertad de pensamiento y expresión, que Marx, en otro escenario, cuestionó porque en la declaración general se establece la libertad y a continuación las excepciones a la misma, que inspiran a los persecutores.</p>



<p>En este apartado de la obra de Zeltsman brilla por su ausencia la Ley de Imprenta de Carranza, dictada a dos meses de promulgada la Constitución de 1917, hoy abrogada, pero que tenía un claro tufo represor.</p>



<p>El porfiriato se caracterizó por su endurecimiento hacia la libertad de imprenta y fueron los tiempos en los que se pagaba recurrentemente con cárcel las libertades que se ejercían; también fue el momento en que se fueron decantando los oficios dentro de la imprenta, liquidando a la postre la idea de que el cajista era un notable del que brotaba el pensamiento bien elaborado y hasta la poesía.</p>



<p>Fueron momentos históricos en los que se empezó a conocer en México un socialismo propio de los países que no habían arribado a un capitalismo más desarrollado en su tiempo, hablándose de mutualismo y respaldándose en Proudhon.</p>



<p class="has-text-align-center">* * *</p>



<p>En las imprentas que conocí en los primeros años de mi vida política siempre palpé una especie de misterio, un halo místico, un orgullo por estar en un espacio o recinto con su propia y distinta atmósfera. Era un lugar frontera: había una afuera y una adentro, donde moraban hombres y máquinas que sabían lo poderosos que eran o podían ser. Todas la imprentas, sus dueños y operarios aquí en Chihuahua nos fueron familiares cuando nos afanábamos en comunicar nuestro pensamiento opositor, revolucionario, socialista. Había unas imprentas donde se nos rechazaba por convicción de sus dueños y periódicos que hacían lo mismo porque era frecuente que tuvieran miedo a las represalias del gobierno o perder a este como cliente o patrocinador. En otras, en cambio, nos daban abrigo, y en una de ellas, la Imprenta Hernández, estaba estampado en el mostrador principal el pensamiento de Beatrice Lamberton Warde:</p>



<p>“Desde este lugar las palabras vuelan por el mundo; no para extinguirse como ondas de silencio, ni alterarse por la escritura, sino para quedar fijas en el tiempo, luego de haber sido corregidas en la prueba. Amigo, estás en terreno sagrado. Esto es una imprenta”.</p>



<p>Fue un mundo maravilloso al que mucho le debemos, pero ya se fue. Es agua mágica que más que pasar por debajo del puente, contribuyó a construirlo para dar paso a la libertad y a lo mejor de nuestra cultura.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p style="font-size:15px">Zeltsman, Corinna. Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el México decimonónico. Traducción de Mario A. Zamudio Vega. Revisión técnica de Marina Garone Gradier. Editoral Grano de Sal. México, 2024.</p>



<p></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Ellas diseñan</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/ellas-disenan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Aug 2025 18:05:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://jaimegarciachavez.mx/?p=17485</guid>

					<description><![CDATA[En mi reciente viaje a la Ciudad de México visité el museo Franz Mayer y disfruté la exposición “Ella diseñan” (1965-2025), que estará temporalmente en las antiguas oficinas y biblioteca de ese fecundo recinto de la cultura mexicana. La exposición da cuenta de la historia reciente de la presencia de las mujeres en el mundo editorial de nuestro país. En ella se reconoce que la mujer ha estado desde el Virreinato en esta fascinante actividad que tiene que ver con la producción y edición de libros, periódicos y revistas. Se trata de una exposición, nos dice la curadora Paola Eguiluz, en la que cada diseñadora eligió lo que quiso mostrar, y a través de esto darnos la posibilidad de “mirar la página legal de una producción, a reconocer quién toma las decisiones sobre el color, la tipografía, el papel, la distribución de las imágenes, y a descubrir que sí: ellas diseñan”. Después de este pertinente subrayado, la exposición nos muestra la propia historia del oficio, que ha merecido investigaciones académicas profundas sobre el mundo editorial y la ardua tarea del diseño. Hay investigaciones históricas en las que se detecta, a través de la perspectiva de género, cómo todo esto se ha convertido en una tarea con gran presencia de las mujeres. Cuando se habla de memoria y futuro se ponen en relieve “las especulaciones sobre la muerte del libro a partir de la inserción de los medios digitales y de la Inteligencia Artificial; actualmente se han reivindicado técnicas y estilos de los últimos sesenta años”. También se nos informa en la plaquette a propósito de la exposición, de la escasez y producción del papel. El libro infantil llegó para quedarse, y se habla de los libros de arte en los que se da “un diálogo entre textos e imágenes al interior de las publicaciones”. Están también las que se hacen por encargo: lujosas, discretas e intimistas.&#160; Es maravilloso cuando se abordan los estilos tipográficos: qué familia, tamaño, alineación, unificación de propiedades visuales. Se trata del tema de la letra como imagen.&#160; Cuando se habla del mundo en páginas, y esta entrega sólo contiene las palabras de la curadora y demás trabajadores del museo, se recuerdan grandes revistas diseñadas por mujeres notables, entre ellas Artes de México, Algarabía, Celeste, Luna Cornea,&#160; Obelisco, Viceversa, Poliéster, Cultura Sur, Cultura Norte, y La Galera. Si usted quiere disfrutar de esta exposición, apúrese, termina el 7 de septiembre. En este canal de YouTube puede ver algunas entrevistas a las mismas diseñadoras: Mujeres y diseño en México]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>En mi reciente viaje a la Ciudad de México visité el museo Franz Mayer y disfruté la exposición “Ella diseñan” (1965-2025), que estará temporalmente en las antiguas oficinas y biblioteca de ese fecundo recinto de la cultura mexicana.</p>



<p>La exposición da cuenta de la historia reciente de la presencia de las mujeres en el mundo editorial de nuestro país. En ella se reconoce que la mujer ha estado desde el Virreinato en esta fascinante actividad que tiene que ver con la producción y edición de libros, periódicos y revistas.</p>



<p>Se trata de una exposición, nos dice la curadora Paola Eguiluz, en la que cada diseñadora eligió lo que quiso mostrar, y a través de esto darnos la posibilidad de “mirar la página legal de una producción, a reconocer quién toma las decisiones sobre el color, la tipografía, el papel, la distribución de las imágenes, y a descubrir que sí: ellas diseñan”.</p>



<p>Después de este pertinente subrayado, la exposición nos muestra la propia historia del oficio, que ha merecido investigaciones académicas profundas sobre el mundo editorial y la ardua tarea del diseño. Hay investigaciones históricas en las que se detecta, a través de la perspectiva de género, cómo todo esto se ha convertido en una tarea con gran presencia de las mujeres.</p>



<p>Cuando se habla de memoria y futuro se ponen en relieve “las especulaciones sobre la muerte del libro a partir de la inserción de los medios digitales y de la Inteligencia Artificial; actualmente se han reivindicado técnicas y estilos de los últimos sesenta años”. También se nos informa en la <em>plaquette</em> a propósito de la exposición, de la escasez y producción del papel.</p>



<p>El libro infantil llegó para quedarse, y se habla de los libros de arte en los que se da “un diálogo entre textos e imágenes al interior de las publicaciones”. Están también las que se hacen por encargo: lujosas, discretas e intimistas.&nbsp;</p>



<p>Es maravilloso cuando se abordan los estilos tipográficos: qué familia, tamaño, alineación, unificación de propiedades visuales. Se trata del tema de la letra como imagen.&nbsp;</p>



<div style="height:21px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/folleto-mujeres-disenio-21ago25.webp"><img decoding="async" width="780" height="1024" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/folleto-mujeres-disenio-21ago25-780x1024.webp" alt="" class="wp-image-17487" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/folleto-mujeres-disenio-21ago25-780x1024.webp 780w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/folleto-mujeres-disenio-21ago25-229x300.webp 229w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/folleto-mujeres-disenio-21ago25-768x1008.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/folleto-mujeres-disenio-21ago25.webp 823w" sizes="(max-width: 780px) 100vw, 780px" /></a></figure>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Cuando se habla del mundo en páginas, y esta entrega sólo contiene las palabras de la curadora y demás trabajadores del museo, se recuerdan grandes revistas diseñadas por mujeres notables, entre ellas Artes de México, Algarabía, Celeste, Luna Cornea,&nbsp; Obelisco, Viceversa, Poliéster, Cultura Sur, Cultura Norte, y La Galera.</p>



<p>Si usted quiere disfrutar de esta exposición, apúrese, termina el 7 de septiembre.</p>



<p>En este canal de YouTube puede ver algunas entrevistas a las mismas diseñadoras:</p>



<p><a href="https://youtube.com/@mujeresydisenoenmexico?si=yZMOgDw7m5kh5n0h">Mujeres y diseño en México</a></p>



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		<title>La Revolución de los claveles, una lección portuguesa</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/la-revolucion-de-los-claveles-una-leccion-portuguesa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Aug 2025 16:56:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://jaimegarciachavez.mx/?p=17457</guid>

					<description><![CDATA[“Y tenemos al pueblo, mi capitán”—Carlos Beato He leído historias y crónicas acerca de revoluciones, empezando por la mexicana que inició en 1910, la francesa de 1789, y así la rusa, la china y la cubana, y puedo decir en estos días que ninguna como la escrita por el periodista brasileño Ricardo Viel, La Revolución de los claveles. Símbolos y testimonios del 25 de abril en Portugal. Se trata de una revolución que puso fin a una vetusta dictadura que parecía inconmovible, a la cabeza de la cual estuvieron Antonio De Oliveira Salazar y Marcelo Caetano, sobre todo el primero, fortificado en el fascismo, un corporativismo de sabor medieval y un imperio colonial que se extendía desde Lisboa, pasando por África y hasta la Isla de Timor en Indonesia. Fueron 50 años de “estado novo”, aunque esas dos palabras contuvieran una mentira, porque novedad no había y el estado fue un simple instrumento policial, carcelario, militarista y clerical que daba sostén a un imperio colonial que subsistió por la fuerza de las armas y contó, a la hora del gran viraje, con la fortaleza de una juventud que se negó a perecer en el fango de las colonias como Guinea, Bisáu, Mozambique y Angola. Ricardo Viel emplea la magia del buen periodismo para narrar. Breve y conciso, describe una rebelión militar que se tornó primero y se resolvió después, casi al mismo tiempo, en una revolución por la libertad, la apuesta por la ciudadanía y la democracia. La de Viel es una narración que recoge los símbolos —un clavel encajado en la boca de los fusiles—, y los testimonios verdaderamente sobrios de los líderes de la revuelta, con una estatura moral como la del capitán Salgueiro Maia, líder del movimiento de las fuerzas armadas y porfiado militar que se cubría de una gloria que nunca buscó y vivió sin lucrar en lo más mínimo, demostrando una sencillez con muy pocos parangones en la historia. Contrasta, por ejemplo, con la de un Fidel Castro que se eternizó en el poder y protagonizaba discursos de varias horas continuas. Viel lo sostiene en esta su obra: recogió pedazos de historia, no “la Historia con mayúscula”, inspirándose en la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich y en sus obras que describe el desastre nuclear de Chernóbil o la vida de las mujeres en las profundidades del frente ruso que resistieron al ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Aquí no tenemos esa Historia, frecuentemente fría y barroca de los académicos. El libro se traza en tres vertientes: reconstruir el 25 de abril de 1974 como el día que Portugal derribó una añosa dictadura y cómo fue que un golpe militar se transformó en revolución popular, en primer lugar. Luego se centra sobre los héroes, caracterizándolos para luego describir los simbolismos, los gestos y a la postre imágenes fotográficas imperecederas. Y al final, pero nunca al último, el testimonio vivo de las personas que sabían que tarde o temprano, en cualquier momento, caería la dictadura militar preconizada por Oliveira Salazar y que durante muchos lustros convivió, en la península ibérica, en paralelo con el franquismo español. El libro está construido de la palabra viva, de quienes participaron en los sucesos, de quienes pasaron lista de presentes diciendo “aquí estamos”, y eso es muy valioso para entender el balance y propósito revolucionarios que ni siquiera sabían de los alcances que estaban acometiendo. El corazón del libro está en la figura del capitán Salgueiro Maia, quien ese 25 de abril de 1974 se plantó con los suyos ante el gobierno y sus tropas fieles, y lo rindió sin protagonismos, facilitando además los medios para que sus adversarios salieran de manera respetuosa de las formas y maneras que a nosotros nos parecerían impensables, acostumbrados como estamos a tantos generales y caudillos atrabiliarios. Los militares que encabezó Salgueiro lo hicieron de una manera espectacular, casi como si se tratara de una película bien montada en un majestuoso escenario, con toda la belleza de la Lisboa centenaria. A las nueve de la mañana de ese día el pueblo empezó a congregarse y los periodistas preguntaron a Salgueiro que si la acción saldría bien. Él lo aseguró y afirmó que tenía de su lado al ejército, a la fuerza aérea… Y Carlos Beato, su leal alférez, que estaba a su lado, interrumpió, agregando: “Y tenemos al pueblo, mi capitán”. Pero si bien fue una «revolución de claveles” y estuvo plagada de ejemplos gloriosos, detrás estaban años, décadas y siglos de un sanguinario colonialismo que la dictadura quiso sostener con altas cuotas de sangre y vida de jóvenes portugueses, de mujeres y madres añorantes de paz, y vidas de libertarios y esclavos que buscaron, y a la postre lograron, la independencia y soberanía de sus países. La Revolución de los claveles se fermentó en los pantanos africanos, en los barrosos territorios donde encallaron las fuerzas militares y milicianos que la dictadura atrincheraba en sus colonias, presumidas por un corporativismo pueril como parte de un imperio que venía de los siglos XVI XVII. La revuelta de los capitanes del ejército, desde dentro, carcomió la vieja dictadura y la derribó. La Revolución de los claveles fue una voz de aliento en 1974, porque no hacía mucho tiempo que los militares chilenos, al contrario, asesinaban a la democracia personificada en la figura del presidente Salvador Allende. En el libro se cuenta que la historiadora Irene Pimentel señaló que Portugal era un país en blanco y negro. La metáfora no podía ser más afortunada: había profunda tristeza, pobreza material, opresiva desigualdad, postración de las mujeres, y la imposibilidad misma de soñar en un futuro mejor. Y de repente ¡clack!, apareció la bandera de la libertad y la democracia, produciéndose un giro histórico, incruento, una transformación revolucionaria sin derramar sangre. Pocas veces. El movimiento de las fuerzas armadas que personificó Salgueiro Maia calculó todos sus pasos: hubo una señal por la radio y una proclama convocando a los portugueses para que supieran que una aurora despuntaba y que era la aurora largamente esperada porque los portugueses sabían que llegaría. Y llegó. Marcelo Caetano, primer ministro de la dictadura depuesta, aceptó rendirse a condición de que los rebeldes se comprometieran a que el poder no cayera en la calle, cuando esta ya rebosaba en multitudes que habían sacudido la operación de un fin de régimen. Hubo mucha “civilidad”, como decimos aquí, pero también efervescencia libertaria, gran agitación social, seis gobiernos provisionales que se sucedieron en poco tiempo, y el infaltable encono y resistencia de la derecha política. Pero ya todo les fue inútil. Portugal había pasado del negro al blanco y los ciudadanos habían tomado el protagonismo que les correspondía, el derecho a soñar incluso. Un ciudadano ordinario de aquellos tiempos, mutilado de su pierna derecha, dio la pauta para una foto histórica tomada por Carlos Gil, al pararse frente a los tanques y ver cómo el régimen que cegó su futuro ahora caía estrepitosamente. Otra foto histórica es la que tomó Jorge Horta cuando inmortaliza a un hombre aparentemente ordinario pero que muestra un periódico sobre el que escribió las palabras “Victoria”, y “Abajo el fascismo”, y el periodista Viel la rescata de manera sencilla pero profunda y describe un gran suceso. Y centralmente encontramos la foto de un Salgueiro modesto e imperturbable en la victoria, tomada por Alfredo Cunha. De sobra está decir que recomiendo la lectura de este breve pero significativo libro. Por último quiero hacer un par de consideraciones: En Portugal se dio un hartazgo con una dictadura. No se soportó más continuar como una decadente potencia colonial, y las cifras estrujan: entre 1957 y 1974 emigraron un millón y medio de lusitanos por causa de las guerras coloniales, esencialmente, y más de un millón de portugueses fueron movilizados para la guerra que se sabía, de antemano, estaba perdida en varios frentes. Diez mil soldados murieron en el bando portugués y 100 mil en el bando de los independentistas. Hubo un saldo de 30 mil discapacitados, amputados, “locos” a los ojos de los dictadores, que deambulaban por las calles en paupérrimas condiciones y en medio de la pobreza en las pocas ciudades del pequeño país europeo. En general, el 90 por ciento de la gente adulta de ese país participó compulsivamente en las fracasadas guerras coloniales. Fatal el ocaso de esto iba a llegar, y llegó. Las sociedades se cansan y se vuelcan contra sus opresores. A diferencia de otras revoluciones, la de los claveles no fue largamente pensada. Al contrario, hubo una gran espontaneidad, despreciada por los aspirantes a revolucionarios profesionales. En Portugal no se prohijaron fundamentalismos políticos, y por tanto no vimos ese fenómeno del Saturno revolucionario que devora a sus hijos, como sucedió en Francia, Rusia, China, y en nuestro país entre 1910 y 1920. En ese sentido es ejemplar el proceso portugués. Finalmente, hay un cierto paralelismo que nos toca: México e Hispanoamérica le produjeron a España un largo periodo de decadencia como en el caso portugués en gran parte del siglo XIX, luego de que se les expulsó de América. Cuba y otros, al final. Y cayeron en una descomposición que se prolongó hasta Francisco Franco. Tiene, a mi juicio, pertinencia, leer a un Benito Pérez Galdós, que nos trajo la reflexión sobre las tensiones que se dan entre una decadencia poscolonial y los intentos de regeneración nacional. Pérez Galdós nos dejó en su obra Episodios nacionales un fiel retrato de una vida madrileña vacía en la capital de un reino perdido. Ahí Portugal fue distinto: persistió en su colonialismo y cayó víctima del mismo. En todo caso, sería una novelística para leerse aquí y comprender nuestro propio drama. Quepa esta digresión. Portugal se tardó para su desenlace casi todo un siglo, y este desenlace finalmente llegó, y la pluma magistral de Viel, en una pequeña obra, nos describe un momento de la historia grande como pocos. Hay una lección en esto: Portugal demostró que no todas las revoluciones se hacen con sangre. VIEL, Ricardo. La Revolución de los Claveles. Símbolos y testimonios del 25 de abril en Portugal. Traducción de María Fernanda Sanabria de Salvidea. Fondo de Cultura Económica y CAMÕES (Instituto Da Cooperação e da Língua, IP). Segunda edición. México, 2024.]]></description>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>“Y tenemos al pueblo, mi capitán”</em><br>—Carlos Beato</p>
</blockquote>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>He leído historias y crónicas acerca de revoluciones, empezando por la mexicana que inició en 1910, la francesa de 1789, y así la rusa, la china y la cubana, y puedo decir en estos días que ninguna como la escrita por el periodista brasileño Ricardo Viel, La Revolución de los claveles. Símbolos y testimonios del 25 de abril en Portugal.</p>



<p>Se trata de una revolución que puso fin a una vetusta dictadura que parecía inconmovible, a la cabeza de la cual estuvieron Antonio De Oliveira Salazar y Marcelo Caetano, sobre todo el primero, fortificado en el fascismo, un corporativismo de sabor medieval y un imperio colonial que se extendía desde Lisboa, pasando por África y hasta la Isla de Timor en Indonesia.</p>



<p>Fueron 50 años de “estado novo”, aunque esas dos palabras contuvieran una mentira, porque novedad no había y el estado fue un simple instrumento policial, carcelario, militarista y clerical que daba sostén a un imperio colonial que subsistió por la fuerza de las armas y contó, a la hora del gran viraje, con la fortaleza de una juventud que se negó a perecer en el fango de las colonias como Guinea, Bisáu, Mozambique y Angola.</p>



<p>Ricardo Viel emplea la magia del buen periodismo para narrar. Breve y conciso, describe una rebelión militar que se tornó primero y se resolvió después, casi al mismo tiempo, en una revolución por la libertad, la apuesta por la ciudadanía y la democracia.</p>



<p>La de Viel es una narración que recoge los símbolos —un clavel encajado en la boca de los fusiles—, y los testimonios verdaderamente sobrios de los líderes de la revuelta, con una estatura moral como la del capitán Salgueiro Maia, líder del movimiento de las fuerzas armadas y porfiado militar que se cubría de una gloria que nunca buscó y vivió sin lucrar en lo más mínimo, demostrando una sencillez con muy pocos parangones en la historia. Contrasta, por ejemplo, con la de un Fidel Castro que se eternizó en el poder y protagonizaba discursos de varias horas continuas.</p>



<p>Viel lo sostiene en esta su obra: recogió pedazos de historia, no “la Historia con mayúscula”, inspirándose en la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich y en sus obras que describe el desastre nuclear de Chernóbil o la vida de las mujeres en las profundidades del frente ruso que resistieron al ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.</p>



<p>Aquí no tenemos esa Historia, frecuentemente fría y barroca de los académicos. El libro se traza en tres vertientes: reconstruir el 25 de abril de 1974 como el día que Portugal derribó una añosa dictadura y cómo fue que un golpe militar se transformó en revolución popular, en primer lugar. Luego se centra sobre los héroes, caracterizándolos para luego describir los simbolismos, los gestos y a la postre imágenes fotográficas imperecederas. Y al final, pero nunca al último, el testimonio vivo de las personas que sabían que tarde o temprano, en cualquier momento, caería la dictadura militar preconizada por Oliveira Salazar y que durante muchos lustros convivió, en la península ibérica, en paralelo con el franquismo español.</p>



<p>El libro está construido de la palabra viva, de quienes participaron en los sucesos, de quienes pasaron lista de presentes diciendo “aquí estamos”, y eso es muy valioso para entender el balance y propósito revolucionarios que ni siquiera sabían de los alcances que estaban acometiendo.</p>



<p>El corazón del libro está en la figura del capitán Salgueiro Maia, quien ese 25 de abril de 1974 se plantó con los suyos ante el gobierno y sus tropas fieles, y lo rindió sin protagonismos, facilitando además los medios para que sus adversarios salieran de manera respetuosa de las formas y maneras que a nosotros nos parecerían impensables, acostumbrados como estamos a tantos generales y caudillos atrabiliarios.</p>



<p>Los militares que encabezó Salgueiro lo hicieron de una manera espectacular, casi como si se tratara de una película bien montada en un majestuoso escenario, con toda la belleza de la Lisboa centenaria. A las nueve de la mañana de ese día el pueblo empezó a congregarse y los periodistas preguntaron a Salgueiro que si la acción saldría bien. Él lo aseguró y afirmó que tenía de su lado al ejército, a la fuerza aérea… Y Carlos Beato, su leal alférez, que estaba a su lado, interrumpió, agregando: “Y tenemos al pueblo, mi capitán”.</p>



<p>Pero si bien fue una «revolución de claveles” y estuvo plagada de ejemplos gloriosos, detrás estaban años, décadas y siglos de un sanguinario colonialismo que la dictadura quiso sostener con altas cuotas de sangre y vida de jóvenes portugueses, de mujeres y madres añorantes de paz, y vidas de libertarios y esclavos que buscaron, y a la postre lograron, la independencia y soberanía de sus países.</p>



<p>La Revolución de los claveles se fermentó en los pantanos africanos, en los barrosos territorios donde encallaron las fuerzas militares y milicianos que la dictadura atrincheraba en sus colonias, presumidas por un corporativismo pueril como parte de un imperio que venía de los siglos XVI XVII. La revuelta de los capitanes del ejército, desde dentro, carcomió la vieja dictadura y la derribó. La Revolución de los claveles fue una voz de aliento en 1974, porque no hacía mucho tiempo que los militares chilenos, al contrario, asesinaban a la democracia personificada en la figura del presidente Salvador Allende.</p>



<p>En el libro se cuenta que la historiadora Irene Pimentel señaló que Portugal era un país en blanco y negro. La metáfora no podía ser más afortunada: había profunda tristeza, pobreza material, opresiva desigualdad, postración de las mujeres, y la imposibilidad misma de soñar en un futuro mejor. Y de repente ¡clack!, apareció la bandera de la libertad y la democracia, produciéndose un giro histórico, incruento, una transformación revolucionaria sin derramar sangre. Pocas veces.</p>



<p>El movimiento de las fuerzas armadas que personificó Salgueiro Maia calculó todos sus pasos: hubo una señal por la radio y una proclama convocando a los portugueses para que supieran que una aurora despuntaba y que era la aurora largamente esperada porque los portugueses sabían que llegaría. Y llegó.</p>



<p>Marcelo Caetano, primer ministro de la dictadura depuesta, aceptó rendirse a condición de que los rebeldes se comprometieran a que el poder no cayera en la calle, cuando esta ya rebosaba en multitudes que habían sacudido la operación de un fin de régimen. Hubo mucha “civilidad”, como decimos aquí, pero también efervescencia libertaria, gran agitación social, seis gobiernos provisionales que se sucedieron en poco tiempo, y el infaltable encono y resistencia de la derecha política. Pero ya todo les fue inútil. Portugal había pasado del negro al blanco y los ciudadanos habían tomado el protagonismo que les correspondía, el derecho a soñar incluso.</p>



<p>Un ciudadano ordinario de aquellos tiempos, mutilado de su pierna derecha, dio la pauta para una foto histórica tomada por Carlos Gil, al pararse frente a los tanques y ver cómo el régimen que cegó su futuro ahora caía estrepitosamente.</p>



<p>Otra foto histórica es la que tomó Jorge Horta cuando inmortaliza a un hombre aparentemente ordinario pero que muestra un periódico sobre el que escribió las palabras “Victoria”, y “Abajo el fascismo”, y el periodista Viel la rescata de manera sencilla pero profunda y describe un gran suceso.</p>



<p>Y centralmente encontramos la foto de un Salgueiro modesto e imperturbable en la victoria, tomada por Alfredo Cunha.</p>



<p>De sobra está decir que recomiendo la lectura de este breve pero significativo libro.</p>



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<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/libro-rev-claveles-14ago-25.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="662" height="1024" data-id="17466" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/libro-rev-claveles-14ago-25-662x1024.webp" alt="" class="wp-image-17466" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/libro-rev-claveles-14ago-25-662x1024.webp 662w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/libro-rev-claveles-14ago-25-194x300.webp 194w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/libro-rev-claveles-14ago-25.webp 698w" sizes="auto, (max-width: 662px) 100vw, 662px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">Portada del libro de Viel.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/capitan-salgueiro-de-alfredo-cunha-14ago25.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="652" height="1024" data-id="17464" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/capitan-salgueiro-de-alfredo-cunha-14ago25-652x1024.webp" alt="" class="wp-image-17464" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/capitan-salgueiro-de-alfredo-cunha-14ago25-652x1024.webp 652w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/capitan-salgueiro-de-alfredo-cunha-14ago25-191x300.webp 191w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/capitan-salgueiro-de-alfredo-cunha-14ago25.webp 688w" sizes="auto, (max-width: 652px) 100vw, 652px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">Salgueiro Maia, por Alfredo Cunha.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/el-hombre-amputado-de-carlos-gil-14ago25.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="698" height="1024" data-id="17465" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/el-hombre-amputado-de-carlos-gil-14ago25-698x1024.webp" alt="" class="wp-image-17465" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/el-hombre-amputado-de-carlos-gil-14ago25-698x1024.webp 698w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/el-hombre-amputado-de-carlos-gil-14ago25-204x300.webp 204w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/el-hombre-amputado-de-carlos-gil-14ago25.webp 736w" sizes="auto, (max-width: 698px) 100vw, 698px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">«Hombre amputado», por Carlos Gil.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/hombre-ordinario-jorge-horta-14ago25.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" data-id="17463" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/hombre-ordinario-jorge-horta-14ago25-1024x683.webp" alt="" class="wp-image-17463" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/hombre-ordinario-jorge-horta-14ago25-1024x683.webp 1024w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/hombre-ordinario-jorge-horta-14ago25-300x200.webp 300w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/hombre-ordinario-jorge-horta-14ago25-768x512.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/08/hombre-ordinario-jorge-horta-14ago25.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">Foto de Jorge Horta.</figcaption></figure>
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<p>Por último quiero hacer un par de consideraciones:</p>



<p>En Portugal se dio un hartazgo con una dictadura. No se soportó más continuar como una decadente potencia colonial, y las cifras estrujan: entre 1957 y 1974 emigraron un millón y medio de lusitanos por causa de las guerras coloniales, esencialmente, y más de un millón de portugueses fueron movilizados para la guerra que se sabía, de antemano, estaba perdida en varios frentes. Diez mil soldados murieron en el bando portugués y 100 mil en el bando de los independentistas.</p>



<p>Hubo un saldo de 30 mil discapacitados, amputados, “locos” a los ojos de los dictadores, que deambulaban por las calles en paupérrimas condiciones y en medio de la pobreza en las pocas ciudades del pequeño país europeo.</p>



<p>En general, el 90 por ciento de la gente adulta de ese país participó compulsivamente en las fracasadas guerras coloniales. Fatal el ocaso de esto iba a llegar, y llegó. Las sociedades se cansan y se vuelcan contra sus opresores.</p>



<p>A diferencia de otras revoluciones, la de los claveles no fue largamente pensada. Al contrario, hubo una gran espontaneidad, despreciada por los aspirantes a revolucionarios profesionales. En Portugal no se prohijaron fundamentalismos políticos, y por tanto no vimos ese fenómeno del Saturno revolucionario que devora a sus hijos, como sucedió en Francia, Rusia, China, y en nuestro país entre 1910 y 1920. En ese sentido es ejemplar el proceso portugués.</p>



<p>Finalmente, hay un cierto paralelismo que nos toca: México e Hispanoamérica le produjeron a España un largo periodo de decadencia como en el caso portugués en gran parte del siglo XIX, luego de que se les expulsó de América. Cuba y otros, al final. Y cayeron en una descomposición que se prolongó hasta Francisco Franco. Tiene, a mi juicio, pertinencia, leer a un Benito Pérez Galdós, que nos trajo la reflexión sobre las tensiones que se dan entre una decadencia poscolonial y los intentos de regeneración nacional.</p>



<p>Pérez Galdós nos dejó en su obra Episodios nacionales un fiel retrato de una vida madrileña vacía en la capital de un reino perdido. Ahí Portugal fue distinto: persistió en su colonialismo y cayó víctima del mismo. En todo caso, sería una novelística para leerse aquí y comprender nuestro propio drama.</p>



<p>Quepa esta digresión. Portugal se tardó para su desenlace casi todo un siglo, y este desenlace finalmente llegó, y la pluma magistral de Viel, en una pequeña obra, nos describe un momento de la historia grande como pocos.</p>



<p>Hay una lección en esto: Portugal demostró que no todas las revoluciones se hacen con sangre.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p style="font-size:14px">VIEL, Ricardo. <em>La Revolución de los Claveles. Símbolos y testimonios del 25 de abril en Portugal</em>. Traducción de María Fernanda Sanabria de Salvidea. Fondo de Cultura Económica y CAMÕES (Instituto Da Cooperação e da Língua, IP). Segunda edición. México, 2024.</p>



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		<title>UC: Ciudadanos y rebeldes</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/uc-ciudadanos-y-rebeldes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Jul 2025 15:38:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
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					<description><![CDATA[A solicitud de varios ciudadanos, se reproduce este texto publicado en 2016, que contiene las razones y el desarrollo de la lucha contra la tiranía corrupta de César Duarte. El siguiente texto abre el cuadernillo denominado “Ciudadanos y rebeldes”, cuyos ejemplares se han agotado, en espera de una segunda edición. ¿A qué viene alegar leyes que no se cumpleny que positivamente se infringen?Si no hay principios para mandar,tampoco los hay para obedecer. —José María Luis Mora(Obra política, Editorial Instituto Mora.México, 1986, p. 127) ¿Ciudadanos o rebeldes? Inicio con una anécdota: en 1992, como candidato a gobernador del estado de Chihuahua, me entrevistó un periodista francés cuyo nombre he olvidado. A lo largo de mis respuestas hablé reiteradamente de los ciudadanos, las libertades, la legalidad constitucional, la democracia y la república. Noté en su rostro la simpatía por los conceptos, pero a la vez advertí su escepticismo, que irresistiblemente lo llevó a una pregunta que jamás he olvidado. Me cuestionó: “Pero… ¿aquí hay ciudadanos?”. Sentí de inmediato que mi propuesta se desvanecía si la respuesta fuese negativa, pero también me invadió la necesidad de aferrarme del concepto (estaba fresco el fraude salinista de 1988) si quería realmente apelar a quienes podían contribuir no a mi triunfo, que sabía no era factible, sino a la derrota del viejo partido casi único que a la postre tuvo que ceder el poder, precisamente porque los ciudadanos votaron mayoritariamente en su contra, perdiendo por primera vez el PRI el gobierno de Chihuahua. Me quedó claro que la respuesta pudo haber sido sí y no, y desde entonces se me convirtió en una interrogante ineludible, más si se toma en cuenta mi vieja adhesión al marxismo y su deriva del postulado de lucha de adversarios, en cuya concepción estaba que sólo uno saldría ganador y el otro en ruinas, aniquilado. Históricamente hay muchos enfoques que hablan de la fragilidad de esa institución esencial de la democracia, y en el lado opuesto propuestas que la reivindican y le otorgan centralidad. Este texto tiene como miga principal narrar, con sus propias palabras, una lucha contra una tiranía regional a partir de la concepción que me he formado de la ciudadanía, la importancia del derecho como un instrumento de impugnación contra la impunidad y la corrupción, y el accionar de todo ello en una batalla concreta y específica que se inició un 23 de septiembre de 2014 al interponer una denuncia penal en contra de César Horacio Duarte Jáquez, gobernador del estado de Chihuahua; su secretario de Hacienda, Jaime Ramón Herrera Corral, y Carlos Gerardo Hermosillo Arteaga, entonces titular de la Junta Central de Aguas y Saneamiento y hoy diputado federal protegido con su fuero. Una batalla que abandera hasta hoy Unión Ciudadana (UC). Esta es una obra colectiva. Aquí hay muchas voces e innumerables faenas compendiadas porque hay diversos enfoques, todos ellos esencialmente concurrentes en sus propósitos. No soslayo que hay el toque personal que suele poner un autor cuando escribe, recopila o critica, sello abierto porque a final de cuentas lo que se respalda es que una causa indiscutiblemente honrada triunfe. Es necesario que triunfe. UC es una iniciativa y un esfuerzo ciudadano contra la corrupción política, arropada por una voluntad abierta, plural, transversal a toda la sociedad, adecuadamente vertebrada en su origen y en un momento en que ese cáncer alcanzó el rango de hartazgo nacional, por la percepción que el fenómeno cobró en toda la sociedad mexicana. (1) Reconozco un hecho y un punto de partida: en nuestra sociedad abunda la decepción por la ausencia de ciudadanos responsables, por la existencia de una clase política autoritaria y parasitaria que parece inamovible. Además, se descree del derecho y a eso contribuye la percepción de que la transición democrática se coaguló en un sistema partidocrático que prácticamente le niega oxígeno, ya no digamos al ideal de lo que debe ser la ciudadanía, sino a la ciudadanía de a pie, la del más elevado número. Crece y se fortalece la idea de que sólo desde afuera se pueden lograr cambios, avances, triunfos para los ciudadanos. Y es cierto, porque esto se alimenta de ver enfrente una clase política corrupta e impune, divorciada y de espalda a los derechos humanos, medios de difusión vendidos y obsequiosos con todos los poderes, legales o fácticos, magistrados y jueces venales, políticos de circunstancia y oportunistas, y la percepción de que vivimos en un Estado doble, esquizofrénico, en el que al frente está la fachada institucional que deriva de la de machacar la retórica constitucional, y detrás verdaderas mafias que se han apoderado del gobierno para enriquecerse, seguros de que nada les pasará porque, sin duda, la corrupción es un cemento que solidifica, ancla y conserva el poder que cuenta, para estructurarse como pesado hormigón, con la ancestral impunidad. Perciben, además, que ahí hay algo que traba al interés público en materia de combate a la corrupción. (2). Es la razón de Estado que cuando se atraviesa, todo lo trunca. El discurso oficial dice que nuestras estructuras jurídicas y políticas son democráticas y además liberales. También reivindica la idea de la república, con todas sus virtudes que se le suponen. Pero bien se sabe que ese modelo no existe o se reduce a muy poco su peso específico. Pesan más los usos ancestrales de dominación que la axiología hipotética que da sustento a nuestros códigos políticos básicos. Desde los años 60 del siglo pasado se ha escuchado que las estructuras de gobierno y las decisiones públicas siempre van por caminos distantes a los modelos que orientan el constitucionalismo mexicano y, por tanto, el postulado de que no se puede entender nuestra realidad si la lectura la realizamos a partir de dichos modelos, que por lo demás tampoco sobran –hay que reconocerlo– para valorar nuestras circunstancias. Al constituir UC se tomó en cuenta que se han decantado, tanto en la teoría política como en la praxis, los tres afluentes fundamentales para entender lo que es la ciudadanía, sobre todo en los países en que se les reconoce como el arco de bóveda de la representación política. Los conceptos, hay que reconocerlo de entrada, ni siquiera tienen el mismo significado aquí que en otras partes donde se han realizado los mejores análisis en la ciencia política. Aun así, aquí podemos distinguir los enfoques que nos heredó lo mejor de nuestro liberalismo, el sentido de Estado social que tiene la democracia y, oculto, siempre deliberadamente oculto, que la república se sustenta en la diversidad y virtudes de sus ciudadanos. No pretendo decir nada nuevo. Hay una vasta literatura sobre el país que aborda el tema y algunos que sorprenden por su riqueza y su rigor. Lo que sí quiero decir es que cuando compendié la corrupción imperante en el estado de Chihuahua, y al momento de proponer la creación de Unión Ciudadana, tuve a la vista esos tres afluentes para apelar al ciudadano. El inicio de una lucha contra la corrupción puede ser exitosa si se toma en cuenta su impacto transversal, el que recorre a la sociedad extremo a extremo. Es un fenómeno que golpea a todos. En el daño que causa cabe la más amplia pluralidad imaginable: trabajadores asalariados y empresarios; católicos y evangélicos; jóvenes y viejos; militantes y adherentes de todos los partidos e integrantes de la diversidad étnica. Parece ingenuo el postulado: en UC basta ser ciudadano para estar formando parte de la causa. Se reivindicó, para lograr el propósito, dejar atrás discursos obsoletos (una clase obrera toda virtud y una ciudadanía despreciable por corresponder a una democracia formal), y se asumió el carácter secular de la sociedad en desprecio de los privilegios y los fueros. Se habló de codificar los conflictos de interés y transparentarlos, articularnos a partir de lo que nos une en medio de la diversidad. No es la primera lucha. Hacia fines de la última década del siglo pasado vertebramos una iniciativa legislativa popular para crear el Tribunal Estatal de Cuentas, respaldada por más de 20 mil firmas de todo el estado, experiencia que narro en mi libro La afición a la maldad (Ediciones Del Azar. Chihuahua, Chih., 2006). En este cuaderno ciudadano se documenta una significativa batalla y al rescatar todas sus voces, reconocemos el enorme esfuerzo que ha costado la fecunda intransigencia contra la tiranía que significa César Duarte. El manojo de ideas que dan cuerpo a esta gesta cívica se inició como una apuesta por el derecho y, a la vez, se lanzó un reto a las instituciones. Con Ferrajoli pienso que “… el Derecho ya no puede ser concebido como un instrumento de la Política, sino que, por el contrario, es la Política la que tiene que ser asumida como instrumento para la actuación del Derecho” (3). No luchar, simplemente, por una democracia abstracta, sino ir creando el contexto para formular y encausar las exigencias del cuerpo ciudadano en todo tiempo, no nada más los electorales. La rendición de cuentas entendida como un momento nodal para definir la representación política a partir de la observación de los ciudadanos, por cuanto se refiere al ejercicio del poder y al empleo de sus recursos económicos, no nada más un mayor escrutinio a los servidores públicos, sino defender lo público como punto de partida para la existencia del ciudadano de carne y hueso, con derechos y obligaciones, pero a la vez con aliento republicano con apego a las virtudes que se supone deben tener quienes están al frente de las instituciones que hoy se utilizan para el enriquecimiento privado. Sobra decir que la iniciativa de UC es un llamado a la esperanza para que las nuevas generaciones entren en acción, saneen y rediman la vida política, la vida pública. UC logró interesar a un grupo importante de empresarios, incluido un sector de alto nivel económico, que simpatizó con el objetivo de poner un freno a César Duarte. Sufrían la exclusión, algunos; padecían el acoso por los “moches”, otros; deseaban una actividad estatal “decente”, apegada a la moralidad y desterrar las viejas costumbres de la costosa intermediación, el do ut des (te doy para que me des) de la reciprocidad, el corporativismo clientelar y demás costumbres que se vienen arrastrando en el país de mucho tiempo atrás. A ellos, más que a nadie, les interesó bregar en favor de un Estado de derecho. Hacia finales de 2014, plantearon gran preocupación por la atención profesional de la denuncia penal contra el gobernador –bien sabían las dificultades—, plantearon con fuerza vacunar el movimiento contra la partidización y sus dudas por el papel que teníamos ciudadanos comprometidos largamente con las luchas sociales desde la izquierda. No tenían confianza, aunque sí respeto; lo que derivó, sin más, en un progresivo desinterés, unas veces por miedo, otras por mezquindad, y las más por una escasa idea niveladora que imprime el ser ciudadanos en un ejercicio pleno y paritario. La lección fue que la riqueza es, para ellos, lo que da peso específico, no el estatus legal ahora bajo la óptica de los derechos humanos en correlación con los derechos políticos. Actuaron como estamento. Ciudadanos, sí, pero diferentes. Lo que a mi juicio es más que grave si vivimos en una época en la que ser empresario es el paradigma supremo del modelo económico que impera. Para mí queda la vieja lección, confirmada, de la poca o nula congruencia con su retórica de democracia y Estado de derecho, que, vale decir, se puso a prueba en 1929 (la Gran Crisis) y no la pasó, y que en nuestro país se puede repetir una y otra vez. Cuando topé con esa experiencia recordé a Isaiah Berlin, que describo así: la corrupción de Duarte no ha de ser hecha a un lado con demasiada ligereza, nos dijeron, sin consecuencia alguna, pero el compromiso fue raquítico. Entonces “la fe en los hombres de negocios como salvadores de la sociedad se había evaporado de la noche a la mañana…” (4). Fe, desde luego, de quienes la tuvieron. El movimiento iniciado en septiembre de 2014, con la presentación de...]]></description>
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<p>A solicitud de varios ciudadanos, se reproduce este texto publicado en 2016, que contiene las razones y el desarrollo de la lucha contra la tiranía corrupta de César Duarte. El siguiente texto abre el cuadernillo denominado “Ciudadanos y rebeldes”, cuyos ejemplares se han agotado, en espera de una segunda edición.</p>



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<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="974" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/07/3Magazine-Mockup-Cover-Opening-freebie-originalmockups.com_-1024x974.png" alt="" class="wp-image-17344 size-full" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/07/3Magazine-Mockup-Cover-Opening-freebie-originalmockups.com_-1024x974.png 1024w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/07/3Magazine-Mockup-Cover-Opening-freebie-originalmockups.com_-300x285.png 300w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/07/3Magazine-Mockup-Cover-Opening-freebie-originalmockups.com_-768x731.png 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/07/3Magazine-Mockup-Cover-Opening-freebie-originalmockups.com_-1140x1084.png 1140w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/07/3Magazine-Mockup-Cover-Opening-freebie-originalmockups.com_.png 1210w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p><em>¿A qué viene alegar leyes que no se cumplen<br>y que positivamente se infringen?<br>Si no hay principios para mandar,<br>tampoco los hay para obedecer.</em></p>



<p>—José María Luis Mora<br>(<em>Obra política</em>, Editorial Instituto Mora.<br>México, 1986, p. 127)</p>
</div></div>



<p>¿Ciudadanos o rebeldes? Inicio con una anécdota: en 1992, como candidato a gobernador del estado de Chihuahua, me entrevistó un periodista francés cuyo nombre he olvidado. A lo largo de mis respuestas hablé reiteradamente de los ciudadanos, las libertades, la legalidad constitucional, la democracia y la república. Noté en su rostro la simpatía por los conceptos, pero a la vez advertí su escepticismo, que irresistiblemente lo llevó a una pregunta que jamás he olvidado. Me cuestionó: “Pero… ¿aquí hay ciudadanos?”. Sentí de inmediato que mi propuesta se desvanecía si la respuesta fuese negativa, pero también me invadió la necesidad de aferrarme del concepto (estaba fresco el fraude salinista de 1988) si quería realmente apelar a quienes podían contribuir no a mi triunfo, que sabía no era factible, sino a la derrota del viejo partido casi único que a la postre tuvo que ceder el poder, precisamente porque los ciudadanos votaron mayoritariamente en su contra, perdiendo por primera vez el PRI el gobierno de Chihuahua. Me quedó claro que la respuesta pudo haber sido sí y no, y desde entonces se me convirtió en una interrogante ineludible, más si se toma en cuenta mi vieja adhesión al marxismo y su deriva del postulado de lucha de adversarios, en cuya concepción estaba que sólo uno saldría ganador y el otro en ruinas, aniquilado. Históricamente hay muchos enfoques que hablan de la fragilidad de esa institución esencial de la democracia, y en el lado opuesto propuestas que la reivindican y le otorgan centralidad.</p>



<p>Este texto tiene como miga principal narrar, con sus propias palabras, una lucha contra una tiranía regional a partir de la concepción que me he formado de la ciudadanía, la importancia del derecho como un instrumento de impugnación contra la impunidad y la corrupción, y el accionar de todo ello en una batalla concreta y específica que se inició un 23 de septiembre de 2014 al interponer una denuncia penal en contra de César Horacio Duarte Jáquez, gobernador del estado de Chihuahua; su secretario de Hacienda, Jaime Ramón Herrera Corral, y Carlos Gerardo Hermosillo Arteaga, entonces titular de la Junta Central de Aguas y Saneamiento y hoy diputado federal protegido con su fuero. Una batalla que abandera hasta hoy Unión Ciudadana (UC).</p>



<p>Esta es una obra colectiva. Aquí hay muchas voces e innumerables faenas compendiadas porque hay diversos enfoques, todos ellos esencialmente concurrentes en sus propósitos. No soslayo que hay el toque personal que suele poner un autor cuando escribe, recopila o critica, sello abierto porque a final de cuentas lo que se respalda es que una causa indiscutiblemente honrada triunfe. Es necesario que triunfe. UC es una iniciativa y un esfuerzo ciudadano contra la corrupción política, arropada por una voluntad abierta, plural, transversal a toda la sociedad, adecuadamente vertebrada en su origen y en un momento en que ese cáncer alcanzó el rango de hartazgo nacional, por la percepción que el fenómeno cobró en toda la sociedad mexicana. (1)</p>



<p>Reconozco un hecho y un punto de partida: en nuestra sociedad abunda la decepción por la ausencia de ciudadanos responsables, por la existencia de una clase política autoritaria y parasitaria que parece inamovible. Además, se descree del derecho y a eso contribuye la percepción de que la transición democrática se coaguló en un sistema partidocrático que prácticamente le niega oxígeno, ya no digamos al ideal de lo que debe ser la ciudadanía, sino a la ciudadanía de a pie, la del más elevado número. Crece y se fortalece la idea de que sólo desde afuera se pueden lograr cambios, avances, triunfos para los ciudadanos. Y es cierto, porque esto se alimenta de ver enfrente una clase política corrupta e impune, divorciada y de espalda a los derechos humanos, medios de difusión vendidos y obsequiosos con todos los poderes, legales o fácticos, magistrados y jueces venales, políticos de circunstancia y oportunistas, y la percepción de que vivimos en un Estado doble, esquizofrénico, en el que al frente está la fachada institucional que deriva de la de machacar la retórica constitucional, y detrás verdaderas mafias que se han apoderado del gobierno para enriquecerse, seguros de que nada les pasará porque, sin duda, la corrupción es un cemento que solidifica, ancla y conserva el poder que cuenta, para estructurarse como pesado hormigón, con la ancestral impunidad. Perciben, además, que ahí hay algo que traba al interés público en materia de combate a la corrupción. (2). Es la razón de Estado que cuando se atraviesa, todo lo trunca.</p>



<p>El discurso oficial dice que nuestras estructuras jurídicas y políticas son democráticas y además liberales. También reivindica la idea de la república, con todas sus virtudes que se le suponen. Pero bien se sabe que ese modelo no existe o se reduce a muy poco su peso específico. Pesan más los usos ancestrales de dominación que la axiología hipotética que da sustento a nuestros códigos políticos básicos. Desde los años 60 del siglo pasado se ha escuchado que las estructuras de gobierno y las decisiones públicas siempre van por caminos distantes a los modelos que orientan el constitucionalismo mexicano y, por tanto, el postulado de que no se puede entender nuestra realidad si la lectura la realizamos a partir de dichos modelos, que por lo demás tampoco sobran –hay que reconocerlo– para valorar nuestras circunstancias.</p>



<p>Al constituir UC se tomó en cuenta que se han decantado, tanto en la teoría política como en la praxis, los tres afluentes fundamentales para entender lo que es la ciudadanía, sobre todo en los países en que se les reconoce como el arco de bóveda de la representación política. Los conceptos, hay que reconocerlo de entrada, ni siquiera tienen el mismo significado aquí que en otras partes donde se han realizado los mejores análisis en la ciencia política. Aun así, aquí podemos distinguir los enfoques que nos heredó lo mejor de nuestro liberalismo, el sentido de Estado social que tiene la democracia y, oculto, siempre deliberadamente oculto, que la república se sustenta en la diversidad y virtudes de sus ciudadanos. No pretendo decir nada nuevo. Hay una vasta literatura sobre el país que aborda el tema y algunos que sorprenden por su riqueza y su rigor. Lo que sí quiero decir es que cuando compendié la corrupción imperante en el estado de Chihuahua, y al momento de proponer la creación de Unión Ciudadana, tuve a la vista esos tres afluentes para apelar al ciudadano. El inicio de una lucha contra la corrupción puede ser exitosa si se toma en cuenta su impacto transversal, el que recorre a la sociedad extremo a extremo. Es un fenómeno que golpea a todos. En el daño que causa cabe la más amplia pluralidad imaginable: trabajadores asalariados y empresarios; católicos y evangélicos; jóvenes y viejos; militantes y adherentes de todos los partidos e integrantes de la diversidad étnica. Parece ingenuo el postulado: en UC basta ser ciudadano para estar formando parte de la causa. Se reivindicó, para lograr el propósito, dejar atrás discursos obsoletos (una clase obrera toda virtud y una ciudadanía despreciable por corresponder a una democracia formal), y se asumió el carácter secular de la sociedad en desprecio de los privilegios y los fueros. Se habló de codificar los conflictos de interés y transparentarlos, articularnos a partir de lo que nos une en medio de la diversidad. No es la primera lucha. Hacia fines de la última década del siglo pasado vertebramos una iniciativa legislativa popular para crear el Tribunal Estatal de Cuentas, respaldada por más de 20 mil firmas de todo el estado, experiencia que narro en mi libro <em>La afición a la maldad</em> (Ediciones Del Azar. Chihuahua, Chih., 2006). En este cuaderno ciudadano se documenta una significativa batalla y al rescatar todas sus voces, reconocemos el enorme esfuerzo que ha costado la fecunda intransigencia contra la tiranía que significa César Duarte.</p>



<p>El manojo de ideas que dan cuerpo a esta gesta cívica se inició como una apuesta por el derecho y, a la vez, se lanzó un reto a las instituciones. Con Ferrajoli pienso que “… el Derecho ya no puede ser concebido como un instrumento de la Política, sino que, por el contrario, es la Política la que tiene que ser asumida como instrumento para la actuación del Derecho” (3). No luchar, simplemente, por una democracia abstracta, sino ir creando el contexto para formular y encausar las exigencias del cuerpo ciudadano en todo tiempo, no nada más los electorales. La rendición de cuentas entendida como un momento nodal para definir la representación política a partir de la observación de los ciudadanos, por cuanto se refiere al ejercicio del poder y al empleo de sus recursos económicos, no nada más un mayor escrutinio a los servidores públicos, sino defender lo público como punto de partida para la existencia del ciudadano de carne y hueso, con derechos y obligaciones, pero a la vez con aliento republicano con apego a las virtudes que se supone deben tener quienes están al frente de las instituciones que hoy se utilizan para el enriquecimiento privado. Sobra decir que la iniciativa de UC es un llamado a la esperanza para que las nuevas generaciones entren en acción, saneen y rediman la vida política, la vida pública.</p>



<p>UC logró interesar a un grupo importante de empresarios, incluido un sector de alto nivel económico, que simpatizó con el objetivo de poner un freno a César Duarte. Sufrían la exclusión, algunos; padecían el acoso por los “moches”, otros; deseaban una actividad estatal “decente”, apegada a la moralidad y desterrar las viejas costumbres de la costosa intermediación, el do ut des (te doy para que me des) de la reciprocidad, el corporativismo clientelar y demás costumbres que se vienen arrastrando en el país de mucho tiempo atrás. A ellos, más que a nadie, les interesó bregar en favor de un Estado de derecho. Hacia finales de 2014, plantearon gran preocupación por la atención profesional de la denuncia penal contra el gobernador –bien sabían las dificultades—, plantearon con fuerza vacunar el movimiento contra la partidización y sus dudas por el papel que teníamos ciudadanos comprometidos largamente con las luchas sociales desde la izquierda. No tenían confianza, aunque sí respeto; lo que derivó, sin más, en un progresivo desinterés, unas veces por miedo, otras por mezquindad, y las más por una escasa idea niveladora que imprime el ser ciudadanos en un ejercicio pleno y paritario. La lección fue que la riqueza es, para ellos, lo que da peso específico, no el estatus legal ahora bajo la óptica de los derechos humanos en correlación con los derechos políticos. Actuaron como estamento. Ciudadanos, sí, pero diferentes. Lo que a mi juicio es más que grave si vivimos en una época en la que ser empresario es el paradigma supremo del modelo económico que impera. Para mí queda la vieja lección, confirmada, de la poca o nula congruencia con su retórica de democracia y Estado de derecho, que, vale decir, se puso a prueba en 1929 (la Gran Crisis) y no la pasó, y que en nuestro país se puede repetir una y otra vez. Cuando topé con esa experiencia recordé a Isaiah Berlin, que describo así: la corrupción de Duarte no ha de ser hecha a un lado con demasiada ligereza, nos dijeron, sin consecuencia alguna, pero el compromiso fue raquítico. Entonces “la fe en los hombres de negocios como salvadores de la sociedad se había evaporado de la noche a la mañana…” (4). Fe, desde luego, de quienes la tuvieron.</p>



<p>El movimiento iniciado en septiembre de 2014, con la presentación de la denuncia penal contra la tiranía de César Duarte, fue explícitamente una apuesta por la ley, en un país en el que no existe el Estado derecho y que se ha convertido en un gran almacén de agravios irresueltos para los cuales las pautas de la Constitución, por su constante violación, cada vez se estrechan más. De ahí que surja la pregunta, un genuino dilema, si más que ciudadanos lo que se necesita en México son rebeldes. La rebelión civil surge contra estructuras de injusticia social como las que hay en el país y que van de lo político a la violación sistemática del derecho por la práctica y solapamiento de la impunidad. Se trata de ir en contra de los abusos generales cometidos por el poder del Estado, más atento de sus razones que del apego a la ley. Nos adentramos a una situación límite, semejante a la que precedió al estallamiento de la Revolución de Ayutla durante el siglo XIX y su significado para abrirle cauces a las grandes reformas liberales, y también similar a lo que acontecía en las postrimerías del porfiriato, cuando se anudaron el privilegio económico y el ejercicio del poder, y en medio el mantenimiento de un orden fincado en la corrupción y la impunidad. He reflexionado a lo largo de los últimos meses en la obra de Albert Camus y su interrogante ¿qué es un rebelde? No es un simple levantisco, alguien que de un día para otro simplemente decide irse al monte. Es cierto, aunque la obra de este notable francés no haya sido lo exitosa que él pensó, el rebelde es alguien que dice no, como Unión Ciudadana le dijo no a César Duarte y al régimen de corrupción e impunidad en que se sostiene el poder actual. Y eso sólo se entiende con el complemento: “Negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento (…) El rebelde (…), es decir, el que se vuelve o revuelve contra algo (…) da media vuelta. Marchaba bajo el látigo del amo y he aquí que hace frente. O pone lo que le es preferible a lo que no lo es” (5).</p>



<p>En ese orden, aquí en Chihuahua se ha dicho no a la corrupción y sí a una opción cada vez más ineludible: consolidar el Estado de derecho, pero no sólo a partir de otra más de las reformas constitucionales cosméticas: se ha de contar con el precedente del castigo a los responsables, se tiene que demostrar que hay consecuencias tangibles faltar y traicionar al espíritu de la república que está contenido en nuestras leyes fundamentales. En ese marco, claro que se aspira a desplegar todas las consecuencias del estatuto de ser ciudadano, es lo necesario y deseable; pero la rebeldía ahí está, como un recurso legítimo que nadie nos puede negar frente a una clase política como la que padecemos y que no dio visos de poder transformarse como lo hubiera supuesto una transición a la democracia consolidada y ajena a la coagulación partidocrática que hoy tenemos.</p>



<p>Unión Ciudadana no tiene por qué ser un capítulo más para el desencanto. Su propósito no es agigantar los gruesos expedientes conteniendo los cuadernos de quejas insatisfechas, sino alcanzar las metas y demostrar que es posible ganar una batalla y otras después. Terminar con la negra historia de que sólo el crimen paga. Hasta hoy hemos atendido una investigación penal que ya va para las 100 mil fojas; en realidad con mucho menos que mil bastaría para demostrar los ilícitos que ya están acreditados y que se solapan por la incuria protectora que irradia Enrique Peña Nieto y la Procuraduría General de la República. Pero parece que a las apuestas por el derecho, el reto que se lanza a las instituciones simplemente se soslaya para cansar, adormecer, desalentar, y que los ciudadanos entiendan que en este país no se le puede levantar la mano a quienes ejercen el poder. UC no camina hacia el desencanto, porque sabe lo costoso que es dar paso a la presencia del rebelde, a mi juicio insoslayable.</p>



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<p>El complejo proceso abierto por Unión Ciudadana ha permitido estar en presencia de un laboratorio social que nos deja grandes lecciones, no nuevas, porque vienen de antaño, pero sí importantes para darnos cuenta de que hay sectores en la sociedad, especialmente instalada en la clase política de todos los partidos, en las direcciones de las universidades (destacadamente el rectorado de Enrique Séañez de la Universidad Autónoma de Chihuahua), en las iglesias y en el empresariado, que siguen aferradas a soldar consistentemente una transacción con los métodos de la corrupción, abandonando el ideal de transformar al país para adentrarlo en un régimen con Estado de derecho. Me refiero a la poderosa coalición de intereses, una real Omertá que actúa en todo el país y es la facciosidad del silencio y la abulia abyectas, ya individual, ya corporativa, a partir de la cual se pagan favores y canonjías. La corrupción instalada en el Estado practica la máxima siciliana: El que es sordo, ciego y mudo, vive cien años en paz: la negación absoluta de la ciudadanía.</p>



<p>Se habla del miedo a levantar la cabeza; y sí, hay miedo. Pero más que eso hay una “prudencia generalizada” entre quienes pueden darle consistencia a la lucha contra la corrupción porque saben que ponen sus intereses en riesgo y por tanto optan por la negociación, la obediencia mezquina, el acomodamiento fraudulento a la ley más que a su cumplimiento, destruyendo todos los días lo que debiera ser una norma de la convivencia democrática: darle todo el pese a la universalidad de la ley (caiga quien caiga) y el debido proceso para que la justicia alcance a quienes abusan del poder, de su ubicación posicional en el aparato del Estado para obtener sus beneficios privados, actuando sin piedad de manera depredadora en un país con una población escandalosamente pobre e inequitativa. Hemos tratado de redimensionar la figura del ciudadano, construir ciudadanía. Privilegiar lo público más allá de los simples intereses particulares, como base para cohesionar una sociedad que necesita unión para una agenda común que le dé riqueza y fortaleza a la diversidad que somos a través de una democracia avanzada.</p>



<p>Muchos son los pensadores mexicanos que nos han explicado el cáncer de la impunidad, no sólo porque en sí misma sea una detestable lacra, que lo es y de sobra, sino porque se le tiene como sobreentendida en el despliegue y actuación de quienes están al frente del poder y la administración pública. Un problema enorme.</p>



<p>Es difícil, pero innegable, que la lucha de UC es por principios, que en buena medida es un combate republicano, más que democrático y liberal, porque no quiere que se siga manipulando a las conciencias a partir del peso de los intereses creados y los poderes establecidos que semejan murallas infranqueables. Es un llamado de atención para que todos tomemos conciencia de que la realización del hombre y las mujeres, en todas sus posibilidades y potencialidades, sólo se puede llevar a cabo como ciudadano/a, sin que ello se entienda como una actitud a favor de la antipolítica que UC ha descartado desde su fundación, y mucho menos una burda negación a la existencia de los partidos políticos, cuestionados hoy, pero imprescindibles en el futuro y para lo cual se requiere una reforma de fondo. Al estar los partidos políticos en el corazón del régimen, tienen la más importante función a la hora de tomar las grandes decisiones públicas que la nación requiere para remontar este oscuro momento de la vida nacional.</p>



<p>Este cuaderno abre con un texto que llamó a crear la UC, anunciada desde el 23 de septiembre de 2014, aclarando que su proyecto no fue constituirse en partido regional ni mucho menos en apéndice de alguno, en la perspectiva de la predilección de sus líderes principales. Se pensó para estar al margen de la búsqueda del poder y a favor de combatir a fondo una tiranía. Jamás se estimó como válida que fuera el empeño de un solo hombre, sino el aglutinamiento de una pluralidad de voluntades que busca desembocar en una sociedad caracterizada por su vida democrática, su apego a la ley y las reivindicaciones propias de las virtudes de una república, sin desconocer que el poder es necesario para establecer y remodelar nuevas reglas de ejercicio político y administrativo.</p>



<p>Aquel 28 de noviembre de 2014, Víctor Quintana nos habló de una organización construida en libertad y para la libertad, que debía contribuir a desmontar la tiranía; Francisco Barrio caló hondo con su mensaje porque fue el hombre que habló con una vasta experiencia detrás, como insurgente cívico y como exgobernante, y fue el que reseñó las otras corrupciones, las que se dan en la perversión de las instituciones, tanto congresos como el Poder Judicial, los medios de comunicación, las universidades, las organizaciones empresariales y los partidos políticos, incluido el suyo. Enfocó la lucha contra la corrupción como impostergable y necesaria, porque la misma propicia la descomposición política y social y destruye los nexos de solidaridad que le dan consistencia a la sociedad. En su visión, lo que está en juego es la supervivencia del principio democrático.</p>



<p>Esto me permite acotar que cuando hablo de ciudadanos y rebeldes, no tengo menos que recordar, en concreto, precisamente por la reflexión que estoy hilvanando, que fue Barrio el que dijo: “Llegó el momento en que los adultos se separen de los niños, porque ahora sí se trata de desafiar en serio un poder dictatorial que no se anda por las ramas y al que mucha gente le teme”.</p>



<p>En otra dimensión, Javier Corral nos habló de un régimen político seriamente tocado en su legitimidad, ampliando el horizonte de visión hacia una crisis de confianza y credibilidad ciudadana que se abate sobre gobernantes como Enrique Peña Nieto y César Duarte. Para él, hay que colocar por encima de las diferencias la causa común de la anticorrupción, porque la corrupción destruye la vida nacional. Finalmente, el que esto escribe puso el acento en las virtudes republicanas, caracterizó al movimiento como plural y transversal contra una tiranía. Ciudadanizar la política para el fortalecimiento y la democracia. Recordé la vieja experiencia: una clase política fuertemente instalada jamás abandona sus poderes y privilegios a menos de que se vea obligada a ello. Una lección de nuestra historia hoy más vigente que nunca, que nos recuerda que hay momentos en que la rebeldía es necesaria para tener ciudadanía íntegra.</p>



<p>Unas palabras finales. UC lanzó un grito fuerte contra la corrupción, logró sacar a la calle un movimiento para subrayar la necesidad de hacerle frente con todo. En contra siempre hallamos la política de la sinrazón y, como siempre, la represión en varias de sus conocidas formas y una preocupante: la que recurre a escuadras de camorristas y provocadores, cobijados a la vista de la mirada protectora de los aparatos policiacos y militares que existen por una ley que les precede. En otras palabras, UC padece los daños que causa una violencia no legítima, porque el gobierno de Duarte aparenta no estar presente pero siempre lo hace tras bambalinas. El objetivo fue claro y así le acusamos recibo: lo que se quiere es mantener a los ciudadanos en calidad de aplastados, humillados y ofendidos. UC seguirá adelante. Más allá de las coyunturas electorales y circunstancias políticas, UC puede y debe mantener su condición de movimiento contra la corrupción y la impunidad; debe de ser un vigilante del ejercicio público, un faro permanente de referencia para un buen gobierno. Ser un ejercicio transversal, que muestre presencia más allá de los periodos de los mandatos, sin importar el sello y color de los gobiernos en turno. Es cierto que en lo fundamental de nuestra vida como república no hemos tenido ciudadanía, o muy pocas veces ha actuado con vigorosa calidad, como en 1988 con el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que ganó la Presidencia de la República y se la escamotearon; por ese este cuaderno ciudadano va dedicado al reconocimiento de la gran faena de la que fue el dirigente más brillante. No está de más decir, por si alguien lo duda, que UC demostró que se puede hacer mucho con muy poco. Eso le duele bastante a los tiranos, que no deben olvidar lo que afirmó Tocqueville: “No hay (…) ciudadano tan oscuro que no sea muy peligroso oprimirle, ni derechos individuales tan poco importantes que se puedan abandonar impunemente”. (6)</p>



<p>JGCH</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>________________</p>



<p style="font-size:14px">(1) En la coyuntura, durante la cual se desplegó la acción de Unión Ciudadana, se fue perfilando en el análisis de nuestra situación nacional, la gravedad de la corrupción. Por ejemplo, Héctor Aguilar Camín, al comentar el descontento mexicano, lo describe como “un estado de tolerancia cero a la corrupción”. Empero, reconoce “la impunidad reinante” cuando afirma: “la intensidad del rechazo, sin embargo, es sólo comparable a su falta de consecuencia pública”; para concluir: “la agenda urgente de México es la corrupción, la impunidad”. A su vez, José Woldenberg afirma: “la corrupción y la impunidad, anudadas, están erosionando de manera grave la confianza en las instituciones públicas (…) porque nada desgasta más el aprecio por los partidos, Congresos, políticos y gobiernos que episodios de corrupción reiterados que se quedan impunes”, desembocando en el reclamo por “un Estado de derecho digno de tal nombre…”, y además pronunciándose por “una gestión republicana no corrupta, como seña inequívoca del combate a la corrupción (…) si es que queremos construir un mañana inclusivo”. A su vez, Jesús Silva-Herzog Márquez nos advierte que “la corrupción sería ejemplarmente castigada e iría arrinconándose bajo una atmósfera de exigencias”, ya que “la carencia de leyes hace de la corrupción norma, régimen”, sin dejar de hablar de la “cartelización de los partidos políticos”, citando la obra de Richard Katz y Peter Mair. Todas estas referencias están contenidas en la entrega de la revista <em>Nexos</em> de octubre de 2015 (Número 454, pp. 28-40).</p>



<p style="font-size:14px">Acaban de darse a conocer los llamados <em>Panama Papers</em> cuyas graduales revelaciones irán exhibiendo mejor el panorama global en que operan la corrupción, las evasiones fiscales y los escondrijos de capitales privados. El fenómeno de la corrupción, verdadera lepra de las instituciones, alcanza en México niveles de asombro por su impunidad y todo indica que en esa ciénaga tenemos compañía, hay multinacional presencia. Ahí donde un tiempo llegó a soñarse en el “internacionalismo proletario” se instaló con fuerza la “internacionalización de la venalidad” como señal identificadora de políticos y empresarios de muchos países. Esos <em>Panama Papers</em> servirán, sin duda, para desnudar la doble moral de discursos con flamígero dedo que censuran la corrupción, mientras esconden los “guardaditos” de las indecencias.</p>



<p style="font-size:14px">(2) Con ese pensamiento abrió la denuncia contra César Duarte: “… nuestro Estado es en realidad un doble Estado, detrás de cuya fachada legal y representativa había crecido un infraEstado clandestino, dotado de sus propios códigos y tributos, organizado en centros de poder ocultos, destinado a la apropiación privada de la cosa pública y recorrido secretamente de recurrentes tentaciones subversivas. Así, pues, un doble Estado oculto y paralelo que contradecía todos los principios de la democracia política y del Estado de Derecho, desde el principio de legalidad al de publicidad, visibilidad, controlabilidad y responsabilidad de los poderes públicos (Ferrajoli, Luigi. “El Estado consitucional de Derecho hoy: el modelo y sus divergencias de la realidad”. En <em>Corrupción y Estado de Derecho. El papel de la jurisdicción</em>. Editorial Trotta. España, 1996).<br>(3) Op cit. p. 24<br>(4) Berlin, Isaiah. <em>El estudio adecuado de la humanidad</em>. FCE. Editado por Henry Hardy y Roger Hausheer; traducción de Francisco González Aramburu y otros. México, 2009, p. 559.<br>(5) Camus, Albert. <em>El hombre rebelde</em>. Traducción de Luis Echavarri, revisada por Miguel Salabert. Editoriales Losada y Alianza Editorial. Madrid, 1982. Es importante la conclusión del autor: “Todo valor no implica la rebelión, pero todo movimiento de rebeliòn invoca tácitamente un valor”, pp 21-22.<br>(6) Tocqueville, Alexis de. <em>La democracia en América</em>. Prefacio, notas y bibliografía de J.P. Mayer. Introducción de Enrique González Pedrero. Traducción de Luis R. Cuéllar. FCE. México, 1963, p. 639.</p>



<p>______________</p>



<p style="font-size:14px">Nota: Este cuaderno ciudadano recoge un acervo importante de documentos y textos fundamentales para entender la propuesta de Unión Ciudadana. Están la denuncia penal (expediente AP/PGR/UEAF/001/2014-09) contra César Duarte Jáquez, Jaime Herrera Corral y Carlos Hermosillo Arteaga; los discursos más significativos que pronunciaron sus líderes, cartas, textos, desplegados que circularon en diversos periódicos y otros documentos de carácter legal como la Queja presentada ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (expediente CNDH/2/2015/6207/Q), actualmente en trámite, y el Punto de Acuerdo presentado ante el Senado de la República el 6 de noviembre de 2014, a propósito de la corrupción política en Chihuahua, así como diversos videos, presentaciones electrónicas, gráficas (carteles, memes, manifiestos), fotografías, etcétera. Algunos se reproducen en estas páginas y del resto se proporcionan <em>links</em> o enlaces mediante los cuales se puede tener acceso vía internet y que se transcriben al final de este volumen. Hay una cronología básica y, finalmente, sobra reiterar que la autoría de esos trabajos y este cuaderno también son obra eminentemente colectiva.</p>
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			</item>
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		<title>Jesús Zambrano en su propio balance</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/jesus-zambrano-en-su-propio-balance/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Jun 2025 17:39:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
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					<description><![CDATA[Va quedando en el pasado la opinión de don Daniel Cosío Villegas de que las memorias “no han sido propiamente un género literario nacional”. El historiador y crítico les pone algunas taxativas: que estén bien escritas, que se refieran a hechos singulares con repercusiones colectivas y que no sean exclusivamente emociones personales del memorioso, que difícilmente provocarán a los lectores a seguir un texto de esta especie. El reciente libro publicado por Jesús Zambrano Grijalva, La verdad invicta. De la guerrilla al compromiso democrático, pasa bien por estas aduanas, sin ser por ello una obra notable en su género; y sí un acercamiento a los no pocos apartados en los que somete a crítica y auto recriminación un tramo grande de la izquierda mexicana en la que ha participado desde principios de 1970 hasta la pasada elección presidencial de Claudia Sheinbaum. El trabajo que comento con estas notas, apresuradas por cierto, será una importante pieza del rompecabezas que es el país en estos momentos en que se levanta una autocracia, la responsabilidad de la izquierda en este resultado, que llegó a un destino diferente del proyecto democrático, largamente abanderado por las izquierdas mexicanas de diverso signo. En el prólogo de José Woldenberg a la obra atinadamente se le cataloga como un “testimonio que ilumina una época, y una época que ayuda a explicar una biografía”. Precisamente la de Zambrano Grijalva. Al igual que muchísimos testimonios de esta generación, está en presencia un político que empezó como un joven rebelde en un México autoritario, estudiante, activista, dotado de un utillaje político libresco, sin recursos económicos, seducido por la toma de las armas para cambiar por ese medio al país, y apoyado en la lectura de tres o cuatro obras de Marx o Lenin, durante la embriaguez de la experiencia de la Revolución cubana y la leyenda de los doce sobrevivientes del desembarco del Granma en Cuba con el que se glorificó a la guerrilla como un instrumento. Conjeturo que esto último lo leyó en síntesis, luego de haber hojeado los fraudes del escritor Régis Debray. Ese es un aspecto. El otro que está presente en la obra, es que esa vía de inaugurarse en la vida política de México podía costar la vida, y Zambrano estuvo a menos de un paso cuando, para aprehenderlo extrajudicialmente, le dispararon a la cabeza, lesionando su boca, dentadura y maxilar. No murió, pero tuvo que pasar por una larga estancia en hospitales, y también en la cárcel, sufriendo el asedio policiaco, para posteriormente reintegrarse a la vida clandestina en la Liga Comunista 23 de Septiembre. Eran los tiempos del apotegma “patria o muerte”, y de la certidumbre de que ineluctablemente se vencería al “enemigo burgués” para instaurar la “dictadura del proletariado”, según fórmula ineludible de asumir el dogma marxista. A muchos nos pasó igual y además estuvimos en diversas organizaciones marxistas-leninistas. Lo terrible es que muchos jóvenes perdieron la vida en una lucha desigual en la que militarmente no hubo, nunca, posibilidades de triunfo. Cuando Zambrano descubrió las limitaciones de la Liga, el doctrinarismo estéril, la infiltración, las ejecuciones internas, y saber que se trataba de una lucha sin destino, emprendió la ruta que lo llevaría a un cambio sustancial: adoptar el compromiso de la lucha abierta por la democracia, no exenta tampoco de riesgos fatales. El libro describe un cambio de rumbo que pasa por la creación de un partido, llamado “Patriótico”, y la confluencia de este, finalmente, en el esfuerzo unificador de la izquierda mexicana que representó el Partido Mexicano Socialista y, después del 6 de julio de 1988, la gran experiencia del Frente Democrático Nacional, primero, y luego, un año después, en el Partido de la Revolución Democrática, donde navegó hasta la derrota del mismo y la pérdida de su registro –herencia del viejo PCM– en las elecciones de 2024. Su saldo más negativo fue como dirigente, en ese momento, de un partido que había alcanzado altos niveles de actuación política y triunfos electorales de todos conocidos. Hay otro aspecto que sólo se observa a trasluz: el PRD del que Zambrano fue de los protagonistas principales, representó en su momento un viraje en favor del sistema democrático para México, para liquidar el viejo sistema presidencialista. Pero es inocultable que ese PRD fue la sumatoria de dos culturas autoritarias. La primera provino del PRI, con el desprendimiento de su corriente democrática, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez. La segunda fue encarnada por los comunistas, principalmente los que surgieron en el PMS y los que provenían de la lucha armada, como es el caso de Zambrano. Con todo y esto, se abrió una gran compuerta ciudadana en favor de la democracia en el país. Hay en el libro un repaso de la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles y un catálogo completo de todas las reformas que se hicieron para fortalecer la participación ciudadana democrática. Al inicio del PRD no se tuvo cabal y preciso planteamiento para una transición democrática. Este concepto se fue decantando con el tiempo y jugó un papel importante para su adopción en los trabajos del Instituto para la Transición Democrática fundado, entre otros, por José Woldenberg. De ahí se nutrió, a partir de 1992, un compromiso más cercano con esa concepción, con todas las variables, como sería luchar –al costo del sacrificio de vidas humanas– en medio de la incertidumbre que toda transición plantea; es decir, que puede lograr sus metas o fracasar en el intento, como está sucediendo actualmente en el país. Quiero cerrar este texto aludiendo a tres o cuatro aspectos que me parecen importantes y que ayudan a comprender la historia reciente de la izquierda mexicana. En primer lugar, subrayar que el autor del libro, junto con su compañero Jesús Ortega y Carlos Navarrete, a lo largo de un periodo de más de veinte años solaparon, y así contribuyeron, a ir generando el caprichoso y necio liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, con el que siempre, y al final, cerraron filas. En esto, buena parte del espectro de personalidades perredistas emularon el mismo rol, sin hacerse cargo de que se cernía el riesgo, que luego llegó, del culto a la personalidad del líder y dejarlo actuar sin contrapesos ni críticas puntuales. Recuerdo la frecuente frase de López Obrador al interior del PRD y se convirtió en toda una muletilla: “Ese problema véanlo con Chucho Ortega”. Obvio que se trataba de problemas menores, mientras el tabasqueño, en paralelo, construía su propia organización alterna, que a la postre terminó por carcomer al PRD. Luego viene la ausencia de una autocrítica insoslayable. En qué medida la corriente Nueva Izquierda, coloquialmente conocida como los Chuchos, contribuyó al ocaso del PRD en una serie de alianzas con el PAN, que finalmente desembocaron en coaliciones con el PRI de Peña Nieto, y la firma del Pacto por México, punto en el cual Zambrano hace un mea culpa y reconoce que se equivocaron, con el resultado electoral de 2024 y la pérdida del registro del PRD, su naufragio como partido nacional y su quiebre como dirigente. Al final, pero no menos importante, está el balance que hace Zambrano en su libro. Señala enfático que López Obrador, ya en ruta hacia la Presidencia en 2018, firmó un pacto con el presidente Peña Nieto, con el resultado de convertirse en un intocable por la Cuatroté, incluyendo a personajes como Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón y César Duarte. El remolino que destruyó a Peña Nieto, al Pacto por México, al PRI, al PRD y al PAN, fue el caldo de cultivo para el crecimiento del lopezobradorismo con el que siempre se transigía, fuera cual fuera la circunstancia. López Obrador exprimió al PRD hasta devorarlo para formar su propio partido, del que es el único dirigente. “Nos equivocamos –afirma categórico Zambrano–. Ahora nos encontramos en severo riesgo de una autocracia. La llama “democradura”, una dictadura disfrazada de democracia mayoritaria. En los tiempos que corren, la corrección política permite que se puedan emitir estos juicios. Tengo mis dudas, y en ocasiones certidumbres, de que este ramillete de políticos en los que han estado el autor del libro, Jesús Ortega, y otros, acostumbrados a hacer política en cercanía directa con quienes están al frente del nuevo régimen, continúen por la misma senda y con las mismas prácticas. En otras palabras, que no hay voluntad invicta. Cuando terminé de leer el testimonio del exguerrillero convertido en político, me convencí un poco más de una reflexión de Hanna Arendt: “Los unicornios y las hadas son, al parecer, más reales que el tesoro perdido de las revoluciones”. ZAMBRANO GRIJALVA, Jesús. La voluntad invicta. De la guerrilla al compromiso democrático. Prólogo de José Woldenberg. Ediciones Cal y Arena. México, 2025.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Va quedando en el pasado la opinión de don Daniel Cosío Villegas de que las memorias “no han sido propiamente un género literario nacional”. El historiador y crítico les pone algunas taxativas: que estén bien escritas, que se refieran a hechos singulares con repercusiones colectivas y que no sean exclusivamente emociones personales del memorioso, que difícilmente provocarán a los lectores a seguir un texto de esta especie.</p>



<p>El reciente libro publicado por Jesús Zambrano Grijalva, <em>La verdad invicta. De la guerrilla al compromiso democrático</em>, pasa bien por estas aduanas, sin ser por ello una obra notable en su género; y sí un acercamiento a los no pocos apartados en los que somete a crítica y auto recriminación un tramo grande de la izquierda mexicana en la que ha participado desde principios de 1970 hasta la pasada elección presidencial de Claudia Sheinbaum.</p>



<p>El trabajo que comento con estas notas, apresuradas por cierto, será una importante pieza del rompecabezas que es el país en estos momentos en que se levanta una autocracia, la responsabilidad de la izquierda en este resultado, que llegó a un destino diferente del proyecto democrático, largamente abanderado por las izquierdas mexicanas de diverso signo.</p>



<p>En el prólogo de José Woldenberg a la obra atinadamente se le cataloga como un “testimonio que ilumina una época, y una época que ayuda a explicar una biografía”. Precisamente la de Zambrano Grijalva.</p>



<p>Al igual que muchísimos testimonios de esta generación, está en presencia un político que empezó como un joven rebelde en un México autoritario, estudiante, activista, dotado de un utillaje político libresco, sin recursos económicos, seducido por la toma de las armas para cambiar por ese medio al país, y apoyado en la lectura de tres o cuatro obras de Marx o Lenin, durante la embriaguez de la experiencia de la Revolución cubana y la leyenda de los doce sobrevivientes del desembarco del Granma en Cuba con el que se glorificó a la guerrilla como un instrumento. Conjeturo que esto último lo leyó en síntesis, luego de haber hojeado los fraudes del escritor Régis Debray.</p>



<p>Ese es un aspecto. El otro que está presente en la obra, es que esa vía de inaugurarse en la vida política de México podía costar la vida, y Zambrano estuvo a menos de un paso cuando, para aprehenderlo extrajudicialmente, le dispararon a la cabeza, lesionando su boca, dentadura y maxilar. No murió, pero tuvo que pasar por una larga estancia en hospitales, y también en la cárcel, sufriendo el asedio policiaco, para posteriormente reintegrarse a la vida clandestina en la Liga Comunista 23 de Septiembre. Eran los tiempos del apotegma “patria o muerte”, y de la certidumbre de que ineluctablemente se vencería al “enemigo burgués” para instaurar la “dictadura del proletariado”, según fórmula ineludible de asumir el dogma marxista.</p>



<p>A muchos nos pasó igual y además estuvimos en diversas organizaciones marxistas-leninistas. Lo terrible es que muchos jóvenes perdieron la vida en una lucha desigual en la que militarmente no hubo, nunca, posibilidades de triunfo.</p>



<p>Cuando Zambrano descubrió las limitaciones de la Liga, el doctrinarismo estéril, la infiltración, las ejecuciones internas, y saber que se trataba de una lucha sin destino, emprendió la ruta que lo llevaría a un cambio sustancial: adoptar el compromiso de la lucha abierta por la democracia, no exenta tampoco de riesgos fatales.</p>



<p>El libro describe un cambio de rumbo que pasa por la creación de un partido, llamado “Patriótico”, y la confluencia de este, finalmente, en el esfuerzo unificador de la izquierda mexicana que representó el Partido Mexicano Socialista y, después del 6 de julio de 1988, la gran experiencia del Frente Democrático Nacional, primero, y luego, un año después, en el Partido de la Revolución Democrática, donde navegó hasta la derrota del mismo y la pérdida de su registro –herencia del viejo PCM– en las elecciones de 2024. Su saldo más negativo fue como dirigente, en ese momento, de un partido que había alcanzado altos niveles de actuación política y triunfos electorales de todos conocidos.</p>



<p>Hay otro aspecto que sólo se observa a trasluz: el PRD del que Zambrano fue de los protagonistas principales, representó en su momento un viraje en favor del sistema democrático para México, para liquidar el viejo sistema presidencialista. Pero es inocultable que ese PRD fue la sumatoria de dos culturas autoritarias. La primera provino del PRI, con el desprendimiento de su corriente democrática, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez. La segunda fue encarnada por los comunistas, principalmente los que surgieron en el PMS y los que provenían de la lucha armada, como es el caso de Zambrano. Con todo y esto, se abrió una gran compuerta ciudadana en favor de la democracia en el país.</p>



<p>Hay en el libro un repaso de la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles y un catálogo completo de todas las reformas que se hicieron para fortalecer la participación ciudadana democrática.</p>



<p>Al inicio del PRD no se tuvo cabal y preciso planteamiento para una transición democrática. Este concepto se fue decantando con el tiempo y jugó un papel importante para su adopción en los trabajos del Instituto para la Transición Democrática fundado, entre otros, por José Woldenberg. De ahí se nutrió, a partir de 1992, un compromiso más cercano con esa concepción, con todas las variables, como sería luchar –al costo del sacrificio de vidas humanas– en medio de la incertidumbre que toda transición plantea; es decir, que puede lograr sus metas o fracasar en el intento, como está sucediendo actualmente en el país.</p>



<p>Quiero cerrar este texto aludiendo a tres o cuatro aspectos que me parecen importantes y que ayudan a comprender la historia reciente de la izquierda mexicana. En primer lugar, subrayar que el autor del libro, junto con su compañero Jesús Ortega y Carlos Navarrete, a lo largo de un periodo de más de veinte años solaparon, y así contribuyeron, a ir generando el caprichoso y necio liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, con el que siempre, y al final, cerraron filas. En esto, buena parte del espectro de personalidades perredistas emularon el mismo rol, sin hacerse cargo de que se cernía el riesgo, que luego llegó, del culto a la personalidad del líder y dejarlo actuar sin contrapesos ni críticas puntuales. Recuerdo la frecuente frase de López Obrador al interior del PRD y se convirtió en toda una muletilla: “Ese problema véanlo con <em>Chucho</em> Ortega”. Obvio que se trataba de problemas menores, mientras el tabasqueño, en paralelo, construía su propia organización alterna, que a la postre terminó por carcomer al PRD.</p>



<p>Luego viene la ausencia de una autocrítica insoslayable. En qué medida la corriente Nueva Izquierda, coloquialmente conocida como los <em>Chuchos</em>, contribuyó al ocaso del PRD en una serie de alianzas con el PAN, que finalmente desembocaron en coaliciones con el PRI de Peña Nieto, y la firma del Pacto por México, punto en el cual Zambrano hace un mea culpa y reconoce que se equivocaron, con el resultado electoral de 2024 y la pérdida del registro del PRD, su naufragio como partido nacional y su quiebre como dirigente.</p>



<p>Al final, pero no menos importante, está el balance que hace Zambrano en su libro. Señala enfático que López Obrador, ya en ruta hacia la Presidencia en 2018, firmó un pacto con el presidente Peña Nieto, con el resultado de convertirse en un intocable por la Cuatroté, incluyendo a personajes como Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón y César Duarte. El remolino que destruyó a Peña Nieto, al Pacto por México, al PRI, al PRD y al PAN, fue el caldo de cultivo para el crecimiento del lopezobradorismo con el que siempre se transigía, fuera cual fuera la circunstancia. López Obrador exprimió al PRD hasta devorarlo para formar su propio partido, del que es el único dirigente.</p>



<p>“Nos equivocamos –afirma categórico Zambrano–. Ahora nos encontramos en severo riesgo de una autocracia. La llama “democradura”, una dictadura disfrazada de democracia mayoritaria.</p>



<p>En los tiempos que corren, la corrección política permite que se puedan emitir estos juicios. Tengo mis dudas, y en ocasiones certidumbres, de que este ramillete de políticos en los que han estado el autor del libro, Jesús Ortega, y otros, acostumbrados a hacer política en cercanía directa con quienes están al frente del nuevo régimen, continúen por la misma senda y con las mismas prácticas. En otras palabras, que no hay voluntad invicta.</p>



<p>Cuando terminé de leer el testimonio del exguerrillero convertido en político, me convencí un poco más de una reflexión de Hanna Arendt: “Los unicornios y las hadas son, al parecer, más reales que el tesoro perdido de las revoluciones”.</p>



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<p style="font-size:16px">ZAMBRANO GRIJALVA, Jesús. <em>La voluntad invicta. De la guerrilla al compromiso democrático</em>. Prólogo de José Woldenberg. Ediciones Cal y Arena. México, 2025.</p>



<p></p>
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		<title>Un paro a tres, y uno más</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/un-paro-a-tres-y-uno-mas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 May 2025 19:17:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
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					<description><![CDATA[El libro de Josías Vargas, Un paro a tres, es una pieza clave y valiosa del rompecabezas que, combinado, si esto es posible, develerá las condiciones humanas y así formar la figura de lo que fue un momentum de la juventud chihuahuense en la última parte del siglo XX. De antemano advierto que no se trata de un texto de historia; en realidad pasa por encima de esta para adentrarse en una novela testimonial porque así sirve al fin deseado y con creces. El autor ocupa su lugar en el texto de una manera resuelta sin importarle lo que de él piensen los lectores, y no es neutral a la circunstancia de su narrativa; al contrario, la expone sin adornos retóricos porque es claro que le duele, en términos de nostalgia que, como se sabe, es el dolor por lo vivido en un pasado imborrable. Narra un instante en la forma de un viaje nocturno que rescata para la memoria el despliegue por propia cuenta y riesgo de un manojo de hombres y mujeres insertos en la vida cultural, la música, la poesía y la contracultura que se expresó en una sociedad hipócrita de usos y costumbres lejanos a una concepción vacía de valores. El tiempo que comprende la obra contiene y condensa un momento de ruptura. Como sucedió en otros ámbitos –el de la política incluido– estuvieron presentes protestas y sobre todo la expresión del malestar en y con la cultura. No era necesario aquilatar a plenitud el existencialismo, ni el marxismo, ni el hipismo, para moverse en dirección de la transgresión; las brújulas sólo tenían agujas que marcaban en esa dirección, porque eran tiempos de gran protesta social contra la guerra, que se extendía de la familia a la universidad, del pequeño grupo activo a la militancia cultural y en contra de un poder que indigestaba a quienes eran jóvenes y por el solo hecho de serlo. El existencialismo, por ejemplo, lejos estuvo de asumirse luego de las lecturas complejas de la obra de Sartre; bastaba ser seducidos en un café, en la explanada universitaria o el paraninfo por la idea de que la “existencia precede a la esencia”, para gritar con libertad, coraje y en ocasiones con desenfado: “Seré lo que elija”. Nadie, pensando de esta manera estaba ni amurallado ni prisionero de algo anterior que determinara un futuro ineluctable de los hombres y las mujeres: ni dioses, ni patriarcas, ni partidos cargados de dogmas, ni capitales mundiales de la verdad. No era la vía de la anarquía y sí de la libertad y creatividad. El mundo ya no era sin sus jóvenes, y esta tempestad pegó aquí en Chihuahua, al igual que en otros sitios del país y del mundo. Para comentar la obra de Josías Vargas podríamos recurrir a las teorías que se han expresado para hablar del surgimiento y herencia de las generaciones y hablar de Gertrude Stein y Karl Mannheim, o mejor de Hemingway, que narró magistralmente el París que era una fiesta en los tiempos de entreguerras, donde se fermentaban los totalitarismos, tanto los que se fueron pronto como los que duraron un poco más y los que actualmente existen como una perenne amenaza para la humanidad. Con todo lo insuficiente que pueda ser la obra de Vargas –en realidad, toda buena obra aspira a ser inacabada–, al final nos abre una ventana para comprender esto en la vida de dos hombres: el pintor Francisco Justino el Chato Reyes, y el poliédrico Remigio Córdova (dramaturgo, actor, director, poeta, fotógrafo, y hasta dandy en sus ratos libres), que si nos fijamos bien, aún recorre las calles de Chihuahua. Este libro está escrito con la memoria apuntando al pasado, con la tinta impregnada en una nostalgia muy particular, en ocasiones con interés social, pero sin pelos en la lengua. Es una escritura sin tapujos, sin filtros, como suele decirse hoy si buscamos alguna adecuación generacional; acaso un colador, una membrana por la que se trasminan algunas obsesiones del pasado personal y cultural de Chihuahua. Este estilo clama por inscribirse así en la llamada “literatura de la onda”, esa en la que destacaron unos cuantos escritores mexicanos pero de los que sobresale José Agustín, recientemente fallecido. La trama también tiene aires de algo que en el cine se conoce como “road movie”, o para identificar esta categoría en una versión más nacional, a Los Caifanes, a finales de los sesenta, con guión compartido entre Carlos Fuentes y el mismo director, Juan Ibáñez, cuya biografía lo posiciona como el único cineasta que dirigió al no menos famoso Boris Karloff en una película de terror –cómo no– a la mexicana; y a María Félix en La generala, su última participación cinematográfica. Alguien, tras su lectura, podría toparse en evocaciones shakesperianas, por el Sueño de una noche de verano, o hasta con reminiscencias del sueño que Rivera imaginó una tarde en la Alameda Central de la Ciudad de México, no sólo por el momento capturado para la posteridad, sino por la exuberancia de personajes chihuahuenses que rondan en sus páginas. Este libro bien puede ser, también, la autobiografía no autorizada del propio Josías Vargas, porque en su urgencia de querer contarnos algo sobre los demás, terminamos sabiendo de él demasiadas cosas. En este Josías resucitado, porque dice que ha tenido muchas muertes, sus palabras caen y se levantan a cada rato, por su propio peso. También sus personajes son una suerte de resucitados y, aunque alguna vez fueron reales, con todas sus vicisitudes y tragedias, con sus honrosas y etílicas miserias y elocuentes obras artísticas, parecen de pronto moverse en el terreno de lo permisivamente onírico, a pesar de su descreimiento de todo y de todos, más que de su propio escepticismo. En efecto, en los relatos de Un paro a tres no hace falta que Josías incluya algún dossier fotográfico, en parte porque es más costoso para los editores, una dificultad gestionaria para el autor, pero sobre todo antagónico del concepto narrativo, cualquier significado que esto tenga, porque las imágenes literarias que el autor construye, su vivacidad aparentemente coloquial, su riqueza intelectual y su fuerza descriptiva son en sí mismas la representación a modo para cada lector. O parafraseándolo, habrá que confiar en “la eficacia de sus palabras”. Nada ni nadie, de este momento, está perdido. Chihuahua experimentó en la última parte de los años sesenta una efervescencia cultural extraordinaria, sin ser ajena a los movimientos políticos juveniles y sociales. El escenario era una joven universidad e iba más allá de sus muros. El libro recoge a la mayoría del elenco de actores de esa etapa efervescente, y si bien se centra en dos figuras notables, en sus páginas desfilan casi un centenar de ellos, algunos de relieve, otros menores, pero que en conjunto enriquecieron las expresiones de la música, la poesía, las artes plásticas y el teatro, por lo menos. Hay faltantes, como sería el caso de una mayor descripción del grupo de Los inestables en el que activaron Marco Rascón y su hermano Froylán, Antonio Loyola, Fernando Salomón, Homero Espinoza, entre otros. Señalo a este grupo porque a él debemos la obra El buen Manuel, que revela la intransigencia generacional, la moral y la política de esa época. Ese aliento permeó pero fue en declive a la hora en que se presenta el libro El vértigo de las tentaciones, que recoge óperas primas de Remigio Córdova, Rubén Mejía y Juan Guerrero. Rogelio Treviño, que forma el cuarteto de la obra, ya llevaba un trecho recorrido. El autor recrea su presencia en esa presentación realizada en la Quinta Gameros. Se puede considerar que fue accidental su asistencia, pero el estar ahí le permitió conocer más a Remigio Córdova y al Chato Reyes, sobre todo en lo que ahora se califica como el after, que empezó en un “vino de honor” y terminó al día siguiente en el alucine y en viajes psicodélicos, con percance vehicular incluido. Si hubiera de señalar una diferencia entre el autor y el que esto escribe, sería que mi relación con Remigio Córdova fue estrecha y dilatada en el tiempo, hasta su muerte. A Reyes, en cambio, sólo lo traté efímeramente y lo conocí más por su plástica, ya que Remigio me proporcionó fotografías de sus cuadros que a la fecha conservo en las paredes de mi casa y despacho. El libro hace un aporte importante para valorar la estética de la época proyectada por el Chato Reyes, sobre todo porque en algunos de sus cuadros migran los símbolos de la historia, pero también los personajes, en su mayoría mujeres, que en su evolución demuestran su evanescencia y erosión al paso del tiempo, de seres de carne y hueso a simples maniquíes petrificados. Leer sobre su vida, como lo hace Josías Vargas, a la luz de la poesía musicalizada de Bob Dylan, es una propuesta válida porque el espacio que los separa es enorme, pero el arte los hizo converger. Tan lejos y tan cerca. Remigio, más diverso, produjo y puso en escena obras como El hombre de la montaña, El capitán del castillo submarino, Los hombres de barro, El hacedor de muñecos y sombras, El brujo, y figura como autor de poesía, precisamente en El vértigo de las tentaciones, donde recurre a describir la muerte del deseo, a la vez que se apoya en la vieja metáfora de la metamorfosis, que cuando menos se remonta a Ovidio y Kafka, autores que frecuentó y de lo cual me dio testimonio personal. Remigio fue el prototipo del hombre romántico, del corte de los que describe Furet. Gozaba del amor pero también lo sufría, pensando en él y en los otros. Lo recuerdo como un activo colaborador de las luchas sociales en las que participé y como fotógrafo de la larga huelga de Aceros de Chihuahua y del periódico La Calle. Me era cercano en sus temporadas de abstinencia, y cuando el alcohol se hacía presente, marcaba de nuevo su distancia. Su muerte fue emblemática. Como algunos de los poetas malditos, participó de la revuelta y también visitó el infierno. Lloré su inesperada partida como pocos y me consoló lo extraordinario de su funeral, que Josías narra deficitariamente en su libro, precisamente porque fue el Chato Reyes el que quiso marcar la real dimensión del artista fallecido para contrastar las solemnidades con que Héctor Varela Unive quiso despedirlo, al más puro estilo acartonado de las oraciones fúnebres. Josías, en algún lugar de su obra, habla de generaciones perdidas, planchadas y estructuradas. Creo que es tiempo de que si alguien está planchado, es muy difícil, como lo dijo Diderot, que prescindamos de la arruga que pervive. ——————— VARGAS VARGAS, Josías. Un paro a tres. Programa Editorial Chihuahua. Colección «Historias de mi ciudad». Primera edición 2024. Chihuahua, México.]]></description>
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<p>El libro de Josías Vargas, <em>Un paro a tres</em>, es una pieza clave y valiosa del rompecabezas que, combinado, si esto es posible, develerá las condiciones humanas y así formar la figura de lo que fue un <em>momentum</em> de la juventud chihuahuense en la última parte del siglo XX.</p>



<p>De antemano advierto que no se trata de un texto de historia; en realidad pasa por encima de esta para adentrarse en una novela testimonial porque así sirve al fin deseado y con creces. El autor ocupa su lugar en el texto de una manera resuelta sin importarle lo que de él piensen los lectores, y no es neutral a la circunstancia de su narrativa; al contrario, la expone sin adornos retóricos porque es claro que le duele, en términos de nostalgia que, como se sabe, es el dolor por lo vivido en un pasado imborrable.</p>



<p>Narra un instante en la forma de un viaje nocturno que rescata para la memoria el despliegue por propia cuenta y riesgo de un manojo de hombres y mujeres insertos en la vida cultural, la música, la poesía y la contracultura que se expresó en una sociedad hipócrita de usos y costumbres lejanos a una concepción vacía de valores.</p>



<p>El tiempo que comprende la obra contiene y condensa un momento de ruptura. Como sucedió en otros ámbitos –el de la política incluido– estuvieron presentes protestas y sobre todo la expresión del malestar en y con la cultura. No era necesario aquilatar a plenitud el existencialismo, ni el marxismo, ni el hipismo, para moverse en dirección de la transgresión; las brújulas sólo tenían agujas que marcaban en esa dirección, porque eran tiempos de gran protesta social contra la guerra, que se extendía de la familia a la universidad, del pequeño grupo activo a la militancia cultural y en contra de un poder que indigestaba a quienes eran jóvenes y por el solo hecho de serlo.</p>



<p>El existencialismo, por ejemplo, lejos estuvo de asumirse luego de las lecturas complejas de la obra de Sartre; bastaba ser seducidos en un café, en la explanada universitaria o el paraninfo por la idea de que la “existencia precede a la esencia”, para gritar con libertad, coraje y en ocasiones con desenfado: “Seré lo que elija”. Nadie, pensando de esta manera estaba ni amurallado ni prisionero de algo anterior que determinara un futuro ineluctable de los hombres y las mujeres: ni dioses, ni patriarcas, ni partidos cargados de dogmas, ni capitales mundiales de la verdad. No era la vía de la anarquía y sí de la libertad y creatividad. El mundo ya no era sin sus jóvenes, y esta tempestad pegó aquí en Chihuahua, al igual que en otros sitios del país y del mundo.</p>



<p>Para comentar la obra de Josías Vargas podríamos recurrir a las teorías que se han expresado para hablar del surgimiento y herencia de las generaciones y hablar de Gertrude Stein y Karl Mannheim, o mejor de Hemingway, que narró magistralmente el París que era una fiesta en los tiempos de entreguerras, donde se fermentaban los totalitarismos, tanto los que se fueron pronto como los que duraron un poco más y los que actualmente existen como una perenne amenaza para la humanidad.</p>



<p>Con todo lo insuficiente que pueda ser la obra de Vargas –en realidad, toda buena obra aspira a ser inacabada–, al final nos abre una ventana para comprender esto en la vida de dos hombres: el pintor Francisco Justino <em>el Chato</em> Reyes, y el poliédrico Remigio Córdova (dramaturgo, actor, director, poeta, fotógrafo, y hasta dandy en sus ratos libres), que si nos fijamos bien, aún recorre las calles de Chihuahua.</p>



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<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/emigio-cordova-y-chato-reyes-29may2025.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="759" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/emigio-cordova-y-chato-reyes-29may2025-1024x759.webp" alt="" class="wp-image-17155" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/emigio-cordova-y-chato-reyes-29may2025-1024x759.webp 1024w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/emigio-cordova-y-chato-reyes-29may2025-300x223.webp 300w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/emigio-cordova-y-chato-reyes-29may2025-768x570.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/emigio-cordova-y-chato-reyes-29may2025.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption class="wp-element-caption"><em><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-vivid-red-color">El escritor Remigio Córdova (izq) y El pintor Chato Reyes (der).</mark></em></figcaption></figure>



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<p>Este libro está escrito con la memoria apuntando al pasado, con la tinta impregnada en una nostalgia muy particular, en ocasiones con interés social, pero sin pelos en la lengua. Es una escritura sin tapujos, sin filtros, como suele decirse hoy si buscamos alguna adecuación generacional; acaso un colador, una membrana por la que se trasminan algunas obsesiones del pasado personal y cultural de Chihuahua.</p>



<p>Este estilo clama por inscribirse así en la llamada “literatura de la onda”, esa en la que destacaron unos cuantos escritores mexicanos pero de los que sobresale José Agustín, recientemente fallecido.</p>



<p>La trama también tiene aires de algo que en el cine se conoce como “<em>road movie</em>”, o para identificar esta categoría en una versión más nacional, a <em>Los Caifanes</em>, a finales de los sesenta, con guión compartido entre Carlos Fuentes y el mismo director, Juan Ibáñez, cuya biografía lo posiciona como el único cineasta que dirigió al no menos famoso Boris Karloff en una película de terror –cómo no– a la mexicana; y a María Félix en <em>La generala</em>, su última participación cinematográfica.</p>



<p>Alguien, tras su lectura, podría toparse en evocaciones shakesperianas, por el <em>Sueño de una noche de verano</em>, o hasta con reminiscencias del sueño que Rivera imaginó una tarde en la Alameda Central de la Ciudad de México, no sólo por el momento capturado para la posteridad, sino por la exuberancia de personajes chihuahuenses que rondan en sus páginas.</p>



<p>Este libro bien puede ser, también, la autobiografía no autorizada del propio Josías Vargas, porque en su urgencia de querer contarnos algo sobre los demás, terminamos sabiendo de él demasiadas cosas. En este Josías resucitado, porque dice que ha tenido muchas muertes, sus palabras caen y se levantan a cada rato, por su propio peso.</p>



<p>También sus personajes son una suerte de resucitados y, aunque alguna vez fueron reales, con todas sus vicisitudes y tragedias, con sus honrosas y etílicas miserias y elocuentes obras artísticas, parecen de pronto moverse en el terreno de lo permisivamente onírico, a pesar de su descreimiento de todo y de todos, más que de su propio escepticismo.</p>



<p>En efecto, en los relatos de <em>Un paro a tres</em> no hace falta que Josías incluya algún dossier fotográfico, en parte porque es más costoso para los editores, una dificultad gestionaria para el autor, pero sobre todo antagónico del concepto narrativo, cualquier significado que esto tenga, porque las imágenes literarias que el autor construye, su vivacidad aparentemente coloquial, su riqueza intelectual y su fuerza descriptiva son en sí mismas la representación a modo para cada lector. O parafraseándolo, habrá que confiar en “la eficacia de sus palabras”.</p>



<p>Nada ni nadie, de este momento, está perdido. Chihuahua experimentó en la última parte de los años sesenta una efervescencia cultural extraordinaria, sin ser ajena a los movimientos políticos juveniles y sociales. El escenario era una joven universidad e iba más allá de sus muros.</p>



<p>El libro recoge a la mayoría del elenco de actores de esa etapa efervescente, y si bien se centra en dos figuras notables, en sus páginas desfilan casi un centenar de ellos, algunos de relieve, otros menores, pero que en conjunto enriquecieron las expresiones de la música, la poesía, las artes plásticas y el teatro, por lo menos. Hay faltantes, como sería el caso de una mayor descripción del grupo de <em>Los inestables</em> en el que activaron Marco Rascón y su hermano Froylán, Antonio Loyola, Fernando Salomón, Homero Espinoza, entre otros.</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/teatro-los-inestables-29may2025.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="711" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/teatro-los-inestables-29may2025-1024x711.webp" alt="" class="wp-image-17148" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/teatro-los-inestables-29may2025-1024x711.webp 1024w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/teatro-los-inestables-29may2025-300x208.webp 300w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/teatro-los-inestables-29may2025-768x533.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/05/teatro-los-inestables-29may2025.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption class="wp-element-caption"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-vivid-red-color"><em>Actores (izq-der): Maria Elena Vargas / Bernardo Robles / José Luis Pallares / Amaya / José Luis Parra / Guadalupe Múzquiz / Homero Espinoza / Lucila Vargas / Antonio Noyola / Froylán Rascón / Marco Rascón / Ivonne Boyer.</em></mark></figcaption></figure>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Señalo a este grupo porque a él debemos la obra <em>El buen Manuel</em>, que revela la intransigencia generacional, la moral y la política de esa época. Ese aliento permeó pero fue en declive a la hora en que se presenta el libro <em>El vértigo de las tentaciones</em>, que recoge óperas primas de Remigio Córdova, Rubén Mejía y Juan Guerrero. Rogelio Treviño, que forma el cuarteto de la obra, ya llevaba un trecho recorrido.</p>



<p>El autor recrea su presencia en esa presentación realizada en la Quinta Gameros. Se puede considerar que fue accidental su asistencia, pero el estar ahí le permitió conocer más a Remigio Córdova y al <em>Chato</em> Reyes, sobre todo en lo que ahora se califica como el <em>after</em>, que empezó en un “vino de honor” y terminó al día siguiente en el alucine y en viajes psicodélicos, con percance vehicular incluido.</p>



<p>Si hubiera de señalar una diferencia entre el autor y el que esto escribe, sería que mi relación con Remigio Córdova fue estrecha y dilatada en el tiempo, hasta su muerte. A Reyes, en cambio, sólo lo traté efímeramente y lo conocí más por su plástica, ya que Remigio me proporcionó fotografías de sus cuadros que a la fecha conservo en las paredes de mi casa y despacho.</p>



<p>El libro hace un aporte importante para valorar la estética de la época proyectada por <em>el Chato</em> Reyes, sobre todo porque en algunos de sus cuadros migran los símbolos de la historia, pero también los personajes, en su mayoría mujeres, que en su evolución demuestran su evanescencia y erosión al paso del tiempo, de seres de carne y hueso a simples maniquíes petrificados. Leer sobre su vida, como lo hace Josías Vargas, a la luz de la poesía musicalizada de Bob Dylan, es una propuesta válida porque el espacio que los separa es enorme, pero el arte los hizo converger. Tan lejos y tan cerca.</p>



<p>Remigio, más diverso, produjo y puso en escena obras como <em>El hombre de la montaña</em>, <em>El capitán del castillo submarino</em>, <em>Los hombres de barro</em>, <em>El hacedor de muñecos y sombras</em>, <em>El brujo</em>, y figura como autor de poesía, precisamente en <em>El vértigo de las tentaciones</em>, donde recurre a describir la muerte del deseo, a la vez que se apoya en la vieja metáfora de la metamorfosis, que cuando menos se remonta a Ovidio y Kafka, autores que frecuentó y de lo cual me dio testimonio personal.</p>



<p>Remigio fue el prototipo del hombre romántico, del corte de los que describe Furet. Gozaba del amor pero también lo sufría, pensando en él y en los otros. Lo recuerdo como un activo colaborador de las luchas sociales en las que participé y como fotógrafo de la larga huelga de Aceros de Chihuahua y del periódico <em>La Calle</em>. Me era cercano en sus temporadas de abstinencia, y cuando el alcohol se hacía presente, marcaba de nuevo su distancia.</p>



<p>Su muerte fue emblemática. Como algunos de los poetas malditos, participó de la revuelta y también visitó el infierno. Lloré su inesperada partida como pocos y me consoló lo extraordinario de su funeral, que Josías narra deficitariamente en su libro, precisamente porque fue <em>el Chato</em> Reyes el que quiso marcar la real dimensión del artista fallecido para contrastar las solemnidades con que Héctor Varela Unive quiso despedirlo, al más puro estilo acartonado de las oraciones fúnebres.</p>



<p>Josías, en algún lugar de su obra, habla de generaciones perdidas, planchadas y estructuradas. Creo que es tiempo de que si alguien está planchado, es muy difícil, como lo dijo Diderot, que prescindamos de la arruga que pervive.</p>



<p>———————</p>



<p style="font-size:15px">VARGAS VARGAS, Josías. <em>Un paro a tres</em>. Programa Editorial Chihuahua. Colección «Historias de mi ciudad». Primera edición 2024. Chihuahua, México.</p>



<p></p>
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			</item>
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		<title>Patricia Márquez: pintar sin banalidades</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/patricia-marquez-pintar-sin-banalidades/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Apr 2025 18:52:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
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					<description><![CDATA[La pintora Patricia Márquez nació en 1974 en un mundo en transición, en la ciudad de Anáhuac, del municipio de Cuauhtémoc. A un lado de esa comunidad se levantó un complejo industrial para explotar y expoliar los bosques milenarios y convertir la madera en celulosa con varios destinos comerciales. En ese lugar, la Laguna de Bustillos era un espejo donde se reflejaba un mundo rural –el otro mundo–, un horizonte al macizo montañoso y una pujante sociedad que daba abrigo a un universo mestizo y a una vieja cultura nacida de la reforma religiosa radical, los descendientes espirituales del legendario líder Menno Simons, que hizo del trabajo el deber para amalgamar familias, comunidades enteras que han peregrinado miles de kilómetros por el planeta. Esa nueva realidad puso a un lado a las viejas etnias que continuaron en un mundo neocolonial de marginación y exclusión. En ese microcosmos vivió sus primeros años la artista visual y le dejaron la impronta de una familia fracturada, con rupturas que marcan con cicatrices el alma de una mujer con alta sensibilidad para ver atardeceres diáfanos, lo mismo que cielos borrascosos, tormentas de nieve y el bullicio siempre permanente de una clase trabajadora emergente en una fábrica recién creada por Eloy Vallina y Carlos Trouyet, jamás imaginada por sus mayores. Eran los tiempos en los que Chihuahua se reindustrializaba después de la Revolución de 1910. La pintora recuerda el gran y reconfortante amor de su abuelo, y la estampa de la abuela que dedicaba muchas horas a tejer y bordar, viejos oficios hoy en desuso entre las mujeres. En su memoria está el sentido de la migración; en su infancia se trasladó al lado de la familia a la ciudad de Chihuahua, y con sabor a destino llegó a la Colonia Cerro de la Cruz, especie de antesala de los que volvían de lo rural a lo urbano, sin dejar el viejo sabor del campo. La artista, en cordial conversación que sostuve con ella, afirma que se “hizo sola”, es decir, que buscó su formación movida por un resorte propio, íntimo, que pronto la puso en la perspectiva de las artes plásticas y en general de las visuales. Los aros donde bordaba la abuela se convirtieron en caballete, las telas en lienzos, y las agujas de pronto se tornaron en pinceles. Patricia Márquez es una artista que está consciente de lo que quiere y lo busca con oficio; sabe que la bohemia tiene límites. Lo sabe de cierto. Pronto asumió que había que pasar críticamente por la academia, heredar los conocimientos técnicos del oficio; y así, la búsqueda de su preparación inicial la llevó al puerto más cercano: la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde el maestro Manuel Pizarro la guió y la tuvo como alumna distinguida. Hoy esa institución continúa siendo su casa donde ejerce el magisterio, transmitiendo sus conocimientos y experiencia a las nuevas generaciones. Patricia Márquez tiene trabajos de relieves y contornos con el sello de su maestría, con obra ya distinguible por piezas notables que ha sido reconocida con premios importantes como son el Nacional de Pintura de 2003, que recibió de manos del rector de la UNAM, Juan Ramón De la Fuente; el Premio Chihuahua en 2011 y el de FOMAC en 2017, por su trayectoria. Ha expuesto en España, Alemania, Nueva York (que en estas artes es como un solo país), Bogotá, Zacatecas, Yucatán, Sinaloa, entre otras ciudades. Sus trabajos son conocidos en Chihuahua, su patria nutricia, donde destaca y experimenta hoy en las nuevas rutas de la gráfica; busca en otras latitudes del país e incorpora nuevas tecnologías que enriquecen el sentido de lo visual y lo plástico; además es gestora cultural y mantiene su propio taller, llamado Studio 96, y una intensa presencia a través de las redes sociales. No está demás subrayar que hay una etnografía creativa en su obra, que se deslinda, por sí misma, del retrato costumbrista, y no se diga del folclor barato que abunda en muchas galerías. Es como el paso de la realidad hacia la creatividad fértil que está en su plástica, pero distante del arte panfletario, que puede llamar la atención en un momento pero se olvida dejándose de lado para siempre. A estas alturas de su trayectoria artística es difícil elaborar un juicio que todo lo comprenda; su obra es vasta y no dudo que en el futuro esté compilada en una crítica profesional y en una edición que la proyecte en conjunto, incluso con sus ligamentos a otras expresiones del arte como la poesía, que no es extraña a sus lienzos. En el diálogo que sostuvimos, y más allá del acento que Patricia Márquez deposita en su propio esfuerzo, se habló de las influencias que se reciben recíprocamente entre los artistas. A final de cuentas, los vasos comunicantes entre ellos son infinitos y discutir sobre originalidades resulta una necedad fácilmente esquivable cuando hay obra que respalde, como en su caso. Llegar a la influencia surrealista no fue difícil, pero ahondar en su legado en la obra del belga René Magritte (1898-1967) requirió de lances mayores. Hay que ir a la búsqueda de los límites de la misma conciencia, renunciando a las formas impuestas al pensamiento fríamente lógico, a veces para encontrar lo subconsciente, a veces los sueños inspiradores. Pienso que el surrealismo vendría a ser consecuencia de un romanticismo inicial. Entonces, enmarcar aquí la obra de Patricia Márquez no resulta tarea fácil, pero sí ineludible. Ella reconoce ese influjo y su obra lo demuestra. Sobre la mesa que conversamos se puso el libro Magritte, de Jacques Meuris (Ed. 2004), que ve al pintor belga moviéndose en un dilema: o influyó en sus contemporáneos, o fue un simple y germinal catalizador para que otros artistas apuraran sus obras. Al final, conforme a esta crítica, encuentro una clave: para Patricia Márquez, Magritte actuó “como catalizador (…), como fuente de influencias puntuales”. Sin embargo su obra tiene su propia identidad, el “toque” que la hace singular. Me explico, siguiendo la línea del autor del libro, a la luz de cómo concibe aquella su propia obra, encontramos los simbolismos, la demarcación de un norte de su país en una frontera violenta, aunado al padecimiento inequívoco de un patriarcado agresor de la mujer que encuentra en la religión y sus cleros un soporte adicional al del Estado, una sociedad desgarrada por violencias extremas en las que sobresale la influencia que en un artista tiene el brutal feminicidio de que Ciudad Juárez haya sido testigo. Feminicidio impune. No se trata de un verismo, mucho menos extremoso, el cómo pinta Patricia Márquez a la mujer del norte. Por el contrario, lo que está en juego es el cuestionamiento de los estereotipos, del lenguaje mismo que lleva aparejado o precede al sentido de la sumisión, la violencia y la subordinación de la mujer a una cultura racionalmente inviable, pero que no se podrá abatir si no es convulsionando en el sentido que ella lo hace en su obra, y que muestra ser portadora de los postulados del surrealismo. En las coincidencias de Márquez con Magritte –recalco su propio valor– se puede encontrar una en la valiosa observación de Meuris sobre una descripción del trabajo del pintor belga: “Investido de la convicción de que el arte que profesaba era el único posible que exigía al espectador tomar parte en el descubrimiento de los enigmas que se esconden tras las apariencias admitidas generalmente, Magritte apenas se ocupó con otros artistas u otros movimientos que habrían podido hollar caminos más o menos paralelos, o remitirse a las enseñanzas que su obra y declaraciones hubieran podido prodigar” (p. 193). En otros términos, la obra de Patricia Márquez convierte en cómplices –valga la palabra– a sus espectadores. Y así fue como se catalizó su visión, generándose una obra de características con voz propia inequívoca. He ahí su originalidad. Lo que ha hecho la obra de nuestra pintora es desbanalizar lo real, lo que tenemos, lo que aparece en la nota roja de los periódicos, del crimen contra las mujeres, de lo que se devela en las fosas de los desiertos, que se quiere ver por los poderes establecidos como la cotidianidad, nublada precisamente por esos estereotipos que la pintura expone a través de su plástica. No es poca cosa encontrarse con esta obra, justo porque la realidad –como la influencia de Magritte lo sugiere– está desposeída de banalidad; a mi juicio, una actitud que nos coloca en ruta hacia la comprensión profunda de un gran problema: las resistencias de la sociedad patriarcal ante la insurgencia de las mujeres. Para mí, al ver la obra que comento, sus figuras cargadas de sugerentes símbolos –admito que no la conozco a plenitud–, me convenzo de que el pensamiento profundo viene a ser la esencia de sus trabajos, que van desde el cuadro hasta la instalación, la intervención fotográfica y el grabado, hasta el uso experimental de materiales mixtos, que empezaron por ser estampados textiles y de papel, hasta convertirse en partes minuciosas, protagonistas de su técnica, expresionista en algunos matices. Las mujeres que ha pintado Patricia Márquez ya no estaban, diría el poeta Rafael Alberti, pero prevalecen en sus cuadros. Su arte visual trabó que esas mujeres anduvieran sin nadie. Existen y caminan ahora por la magia del arte, y esa es parte de la herencia que nos deja esta pintora viva, que camina frecuentemente en nuestras calles, sin que nos demos cuenta. Pero ahí está, a la espera de la recepción de su obra, para generar energías liberadoras, en una ciudad inhóspita para el arte. 10 abril 2025]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La pintora Patricia Márquez nació en 1974 en un mundo en transición, en la ciudad de Anáhuac, del municipio de Cuauhtémoc. A un lado de esa comunidad se levantó un complejo industrial para explotar y expoliar los bosques milenarios y convertir la madera en celulosa con varios destinos comerciales.</p>



<p>En ese lugar, la Laguna de Bustillos era un espejo donde se reflejaba un mundo rural –el otro mundo–, un horizonte al macizo montañoso y una pujante sociedad que daba abrigo a un universo mestizo y a una vieja cultura nacida de la reforma religiosa radical, los descendientes espirituales del legendario líder Menno Simons, que hizo del trabajo el deber para amalgamar familias, comunidades enteras que han peregrinado miles de kilómetros por el planeta.</p>



<p>Esa nueva realidad puso a un lado a las viejas etnias que continuaron en un mundo neocolonial de marginación y exclusión. En ese microcosmos vivió sus primeros años la artista visual y le dejaron la impronta de una familia fracturada, con rupturas que marcan con cicatrices el alma de una mujer con alta sensibilidad para ver atardeceres diáfanos, lo mismo que cielos borrascosos, tormentas de nieve y el bullicio siempre permanente de una clase trabajadora emergente en una fábrica recién creada por Eloy Vallina y Carlos Trouyet, jamás imaginada por sus mayores. Eran los tiempos en los que Chihuahua se reindustrializaba después de la Revolución de 1910.</p>



<p>La pintora recuerda el gran y reconfortante amor de su abuelo, y la estampa de la abuela que dedicaba muchas horas a tejer y bordar, viejos oficios hoy en desuso entre las mujeres. En su memoria está el sentido de la migración; en su infancia se trasladó al lado de la familia a la ciudad de Chihuahua, y con sabor a destino llegó a la Colonia Cerro de la Cruz, especie de antesala de los que volvían de lo rural a lo urbano, sin dejar el viejo sabor del campo.</p>



<p>La artista, en cordial conversación que sostuve con ella, afirma que se “hizo sola”, es decir, que buscó su formación movida por un resorte propio, íntimo, que pronto la puso en la perspectiva de las artes plásticas y en general de las visuales. Los aros donde bordaba la abuela se convirtieron en caballete, las telas en lienzos, y las agujas de pronto se tornaron en pinceles.</p>



<p>Patricia Márquez es una artista que está consciente de lo que quiere y lo busca con oficio; sabe que la bohemia tiene límites. Lo sabe de cierto. Pronto asumió que había que pasar críticamente por la academia, heredar los conocimientos técnicos del oficio; y así, la búsqueda de su preparación inicial la llevó al puerto más cercano: la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde el maestro Manuel Pizarro la guió y la tuvo como alumna distinguida. Hoy esa institución continúa siendo su casa donde ejerce el magisterio, transmitiendo sus conocimientos y experiencia a las nuevas generaciones.</p>



<p>Patricia Márquez tiene trabajos de relieves y contornos con el sello de su maestría, con obra ya distinguible por piezas notables que ha sido reconocida con premios importantes como son el Nacional de Pintura de 2003, que recibió de manos del rector de la UNAM, Juan Ramón De la Fuente; el Premio Chihuahua en 2011 y el de FOMAC en 2017, por su trayectoria.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-4 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/medusa-del-desierto-10abr2025.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="665" data-id="16978" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/medusa-del-desierto-10abr2025-1024x665.webp" alt="" class="wp-image-16978" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/medusa-del-desierto-10abr2025-1024x665.webp 1024w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/medusa-del-desierto-10abr2025-300x195.webp 300w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/medusa-del-desierto-10abr2025-768x498.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/medusa-del-desierto-10abr2025.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">«Medusa del desierto».</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/magritte-los-amantes-10abr2025.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" data-id="16977" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/magritte-los-amantes-10abr2025-1024x768.webp" alt="" class="wp-image-16977" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/magritte-los-amantes-10abr2025-1024x768.webp 1024w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/magritte-los-amantes-10abr2025-300x225.webp 300w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/magritte-los-amantes-10abr2025-768x576.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/magritte-los-amantes-10abr2025.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">Magritte. Influencia surrealista.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-2-10abr2025.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="820" height="1024" data-id="16981" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-2-10abr2025-820x1024.webp" alt="" class="wp-image-16981" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-2-10abr2025-820x1024.webp 820w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-2-10abr2025-240x300.webp 240w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-2-10abr2025-768x959.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-2-10abr2025.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 820px) 100vw, 820px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">Pintar sin estereotipos.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-taller-10abr2025.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="765" data-id="16979" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-taller-10abr2025-1024x765.webp" alt="" class="wp-image-16979" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-taller-10abr2025-1024x765.webp 1024w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-taller-10abr2025-300x224.webp 300w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-taller-10abr2025-768x574.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-taller-10abr2025.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">En su taller. Studio 96.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-publicaciones-10abr2025.webp"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="16980" src="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-publicaciones-10abr2025-819x1024.webp" alt="" class="wp-image-16980" srcset="https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-publicaciones-10abr2025-819x1024.webp 819w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-publicaciones-10abr2025-240x300.webp 240w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-publicaciones-10abr2025-768x960.webp 768w, https://jaimegarciachavez.mx/wp-content/uploads/2025/04/patricia-marquez-publicaciones-10abr2025.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></a><figcaption class="wp-element-caption">Publicaciones.</figcaption></figure>
</figure>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Ha expuesto en España, Alemania, Nueva York (que en estas artes es como un solo país), Bogotá, Zacatecas, Yucatán, Sinaloa, entre otras ciudades. Sus trabajos son conocidos en Chihuahua, su patria nutricia, donde destaca y experimenta hoy en las nuevas rutas de la gráfica; busca en otras latitudes del país e incorpora nuevas tecnologías que enriquecen el sentido de lo visual y lo plástico; además es gestora cultural y mantiene su propio taller, llamado Studio 96, y una intensa presencia a través de las redes sociales.</p>



<p>No está demás subrayar que hay una etnografía creativa en su obra, que se deslinda, por sí misma, del retrato costumbrista, y no se diga del folclor barato que abunda en muchas galerías. Es como el paso de la realidad hacia la creatividad fértil que está en su plástica, pero distante del arte panfletario, que puede llamar la atención en un momento pero se olvida dejándose de lado para siempre.</p>



<p>A estas alturas de su trayectoria artística es difícil elaborar un juicio que todo lo comprenda; su obra es vasta y no dudo que en el futuro esté compilada en una crítica profesional y en una edición que la proyecte en conjunto, incluso con sus ligamentos a otras expresiones del arte como la poesía, que no es extraña a sus lienzos.</p>



<p>En el diálogo que sostuvimos, y más allá del acento que Patricia Márquez deposita en su propio esfuerzo, se habló de las influencias que se reciben recíprocamente entre los artistas. A final de cuentas, los vasos comunicantes entre ellos son infinitos y discutir sobre originalidades resulta una necedad fácilmente esquivable cuando hay obra que respalde, como en su caso.</p>



<p>Llegar a la influencia surrealista no fue difícil, pero ahondar en su legado en la obra del belga René Magritte (1898-1967) requirió de lances mayores. Hay que ir a la búsqueda de los límites de la misma conciencia, renunciando a las formas impuestas al pensamiento fríamente lógico, a veces para encontrar lo subconsciente, a veces los sueños inspiradores. Pienso que el surrealismo vendría a ser consecuencia de un romanticismo inicial. Entonces, enmarcar aquí la obra de Patricia Márquez no resulta tarea fácil, pero sí ineludible.</p>



<p>Ella reconoce ese influjo y su obra lo demuestra. Sobre la mesa que conversamos se puso el libro <em>Magritte</em>, de Jacques Meuris (Ed. 2004), que ve al pintor belga moviéndose en un dilema: o <em>influyó</em> en sus contemporáneos, o fue un simple y germinal <em>catalizador</em> para que otros artistas apuraran sus obras.</p>



<p>Al final, conforme a esta crítica, encuentro una clave: para Patricia Márquez, Magritte actuó “como catalizador (…), como fuente de influencias puntuales”. Sin embargo su obra tiene su propia identidad, el “toque” que la hace singular. Me explico, siguiendo la línea del autor del libro, a la luz de cómo concibe aquella su propia obra, encontramos los simbolismos, la demarcación de un norte de su país en una frontera violenta, aunado al padecimiento inequívoco de un patriarcado agresor de la mujer que encuentra en la religión y sus cleros un soporte adicional al del Estado, una sociedad desgarrada por violencias extremas en las que sobresale la influencia que en un artista tiene el brutal feminicidio de que Ciudad Juárez haya sido testigo. Feminicidio impune.</p>



<p>No se trata de un verismo, mucho menos extremoso, el cómo pinta Patricia Márquez a la mujer del norte. Por el contrario, lo que está en juego es el cuestionamiento de los estereotipos, del lenguaje mismo que lleva aparejado o precede al sentido de la sumisión, la violencia y la subordinación de la mujer a una cultura racionalmente inviable, pero que no se podrá abatir si no es convulsionando en el sentido que ella lo hace en su obra, y que muestra ser portadora de los postulados del surrealismo.</p>



<p>En las coincidencias de Márquez con Magritte –recalco su propio valor– se puede encontrar una en la valiosa observación de Meuris sobre una descripción del trabajo del pintor belga: “Investido de la convicción de que el arte que profesaba era el único posible que exigía al espectador tomar parte en el descubrimiento de los enigmas que se esconden tras las apariencias admitidas generalmente, Magritte apenas se ocupó con otros artistas u otros movimientos que habrían podido hollar caminos más o menos paralelos, o remitirse a las enseñanzas que su obra y declaraciones hubieran podido prodigar” (p. 193). En otros términos, la obra de Patricia Márquez convierte en cómplices –valga la palabra– a sus espectadores. Y así fue como se catalizó su visión, generándose una obra de características con voz propia inequívoca. He ahí su originalidad.</p>



<p>Lo que ha hecho la obra de nuestra pintora es desbanalizar lo real, lo que tenemos, lo que aparece en la nota roja de los periódicos, del crimen contra las mujeres, de lo que se devela en las fosas de los desiertos, que se quiere ver por los poderes establecidos como la cotidianidad, nublada precisamente por esos estereotipos que la pintura expone a través de su plástica. No es poca cosa encontrarse con esta obra, justo porque la realidad –como la influencia de Magritte lo sugiere– está desposeída de banalidad; a mi juicio, una actitud que nos coloca en ruta hacia la comprensión profunda de un gran problema: las resistencias de la sociedad patriarcal ante la insurgencia de las mujeres.</p>



<p>Para mí, al ver la obra que comento, sus figuras cargadas de sugerentes símbolos –admito que no la conozco a plenitud–, me convenzo de que el pensamiento profundo viene a ser la esencia de sus trabajos, que van desde el cuadro hasta la instalación, la intervención fotográfica y el grabado, hasta el uso experimental de materiales mixtos, que empezaron por ser estampados textiles y de papel, hasta convertirse en partes minuciosas, protagonistas de su técnica, expresionista en algunos matices.</p>



<p>Las mujeres que ha pintado Patricia Márquez <em>ya no estaban</em>, diría el poeta Rafael Alberti, pero prevalecen en sus cuadros. Su arte visual trabó que esas mujeres anduvieran sin nadie. Existen y caminan ahora por la magia del arte, y esa es parte de la herencia que nos deja esta pintora viva, que camina frecuentemente en nuestras calles, sin que nos demos cuenta. Pero ahí está, a la espera de la recepción de su obra, para generar energías liberadoras, en una ciudad inhóspita para el arte.</p>



<p>10 abril 2025</p>
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		<title>Leer a Koestler a destiempo</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/leer-a-koestler-a-destiempo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Mar 2025 15:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
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					<description><![CDATA[“Los felices pocas veces son curiosos; los que están cómodamente arrellanados en la jerarquía social no tienen motivos para destruir el sistema convencional de valores ni para edificar nuevos sistemas”. —A. Koestler. Arthur Koestler (1905-1983), si nos atenemos a la autorizada opinión de Tony Judt, es uno de los últimos intelectuales públicos de la época contemporánea. Su vasta obra contribuye con creces a tener por certera esta apreciación: de origen húngaro, se formó en la Europa Central que tuvo por capital Viena; viajero espontáneo o migrante forzado, sionista de la primera época, novelista prolífico, aventurero y frecuentador de burdeles metafísicos, periodista y cronista consumado; testigo de la Revolución húngara dirigida por Béla Kun; comunista en una etapa en la que se soñaba con una luminosa Unión Soviética de alternativa a lo que sucedía en el llamado “mundo occidental”; preso político en España durante la Guerra Civil y otros países; agente de primer nivel de la Internacional Comunista y escritor profesional que dedicó los últimos años de su vida a formular una de las más audaces y agudas críticas al totalitarismo nazi, particularmente el soviético. Todos estos datos bastarían para penetrar en el conocimiento de su obra. Personalmente había leído algunos de sus libros, en particular la ya clásica El cero y el infinito; pero ahora que he tenido la oportunidad de leer sus Memorias, me he percatado de la pertinencia de estudiarlo a mayor profundidad, pero lamentablemente a destiempo. Ni remotamente me puedo referir a las casi mil páginas que componen sus recuerdos históricos y personales, algunos narrados mostrando por adelantado lo que consideraba sus propias debilidades, frecuentemente ocultadas por quienes escriben este tipo de textos, no se diga lo que tiene que ver con la vida amorosa y sexual de los actores. Por eso no es extraño que en diversos momentos de la obra recuerde las autobiografías que en su tiempo hicieron otros dos notables: Rousseau y Celine. Más allá de estos los que algún día profesamos el comunismo debiéramos darnos la oportunidad de vernos en la historia de este distinguido intelectual. Aquí sólo me voy a referir a algunos apartados de su autobiografía, especialmente los que tendrían a mi juicio una trascendencia para los tiempos que estamos viviendo. Dice Koestler que todos los que ingresaban al partido –en su caso al comunista alemán– lo hacían de la mano de un “gurú” que los conducía hacia una tierra prometida, en la que el hombre mismo se iba a reformar en pos de una nueva humanidad. Cuando yo ingresé al PCM fue en la casa del maestro albañil Félix Guzmán, al que recuerdo con cariño y respeto, por parte del aparato estuvo el experimentado José Viescas. Ahora pienso que la ceremonia fue similar. Koestler llega a la juventud en etapa difícil, en una Europa devastada por la Primera Guerra Mundial y el colapso o caída de los grandes imperios, como el guillermino, siempre con ambiciones expansivas y amante de hegemonías, y lo más doloroso para él, la desmembración del Imperio austro-húngaro, que era un gran hervidero de nacionalidades. Fue para Koestler una época de desilusiones y de nostalgias, avizorada ya por otros pensadores que brillaron antes de la guerra, y que fueron alimentando lo que el autor cataloga de “sed de absoluto” (p. 65) que con mucha facilidad podría derivar, para hombres y mujeres, en la búsqueda de tierras prometidas y toda clase de utopías, entre las cuales descollaba ir al encuentro de Palestina para reconstruir el viejo hábitat bíblico; en ese sentido, no escatimó dejar inconclusos sus estudios para marchar a la búsqueda de un hogar para los judíos, milenariamente desterrados y estigmatizados. La timidez lo acompañaba y la suplía con chispas de vida que derivaban en virajes drásticos. Ahí comprende que hay sistemas abiertos y cerrados de pensamiento, y que muchas de sus decisiones fundamentales se deben más a una entrega emocional que “a los argumentos justificativos” de los complejos sistemas filosóficos (p. 113). Se liga, por eso, a la naciente escuela sicoanalítica a la que recurrentemente acude para explicar qué es él y qué son los otros también. Tuvo el valor para preguntarse: “¿Cómo valorar el discernimiento y confiar en las facultades críticas de una persona cuyas inclinaciones políticas, según su propia confesión, se debían a semejantes y absurdas circunstancias sentimentales?” (p. 113). Esto marca su forma de explicar la propia vida, sin las omisiones o los ornamentos tan frecuentes del género de las memorias autobiográficas. Esa “sed de absoluto” se la explica en parte con la metáfora bíblica de la oferta que le hace Labán a Jacob de que trabaje siete años para darle en matrimonio a la bella Raquel, pero al final –luego de laborar para obtener la meta– le entrega a la mayor, Lía. En un tiempo que todo parece basura en la Europa devastada, esa sed que puede ser catalogada por el autor como “deshidratación del alma” (p. 575) se puede salvar adhiriéndose a un absoluto, a lo incondicionado, a lo opuesto a lo relativo, por tanto supuestamente perfecto, incomparable o primordial. Pero más mezquinamente ese absoluto puede ser la raza, la clase social, el partido, el dogma, y con ellos siempre la oferta de un paraíso futuro por el que hay que luchar sin oponer condiciones; la realidad le dijo que a lo que se llegaría es a la servidumbre totalitaria. Koestler, como periodista de primera línea, conoció el mundo de entreguerras, vio que el fascismo llegaba inexorable y que eso representaba una crisis para Europa y el mundo, y fue presa y cautivado para decirlo de manera más entendible, de una URSS que en medio de la gran crisis del capitalismo en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, sacaba adelante sus planes quinquenales, decretados por un Stalin todopoderoso y en un vasto imperio que jamás había experimentado vida democrática alguna. ¿Pero qué era esa democracia? En síntesis, era la República de Weimar, que había surgido de los escombros que dejó el conflicto bélico. Una república que nace en 1919 y que se hizo con las ideas del jurista liberal Hugo Preuss en un marco de reconocimiento de que toda autoridad política pertenece al cuerpo ciudadano (acababa de fenecer una monarquía hereditaria), con reparto federalista y Estado de derecho. Esa democracia fue destruida por los nazis y no vivió más de tres lustros, insuficientes para consolidarla, más que todo por los conflictos heredados de una posguerra en calidad de primer derrotado. Koestler lo entiende en sus memorias así: “Decíamos ‘democracia’ solamente como rezando, y poco después la nación más grande de Europa votó, mediante métodos perfectamente democráticos, la entrega del poder a sus propios asesinos. Venerábamos la voluntad de las masas y su voluntad resultó ser la muerte y la propia destrucción” (p. 252). En esto Koestler aporta una visión dramática de lo que fueron los liberales de esta época que “paseábamos por los silenciosos corredores de nuestra ciudadela de la democracia alemana, saludándonos mutuamente con una sonrisa y la frase ‘tenga la amabilidad de inclinar la cabeza, por favor’. Y nos tocábamos la nuca para cerciorarnos de que la cabeza seguía sólidamente unida al cuello. La República de Weimar estaba condenada. El liberalismo alemán había traicionado sus ideas y se había deshonrado sin mejorar sus perspectivas de supervivencia. Esperar la salvación por este lado era absurdo” (p. 273). La nueva fe que adoptó era la nueva esperanza comunista que profesó con la aceptación de sus dogmas y la disciplina más atroz que uno pueda imaginar. Fueron los tiempos de “polarizaciones arbitrarias” (p. 306), de bandazos ordenados desde Moscú a través de la Komintern y la deshonra que llegó después a la hora que Stalin y Hitler se dan la mano y provocan un terremoto casi demencial en el movimiento comunista, que ahora tenía que ver como aliado al más feroz de los adversarios fascistas, jamás imaginado. Eran las dificultades de ser neutral, y en esos tiempos quien se salía de la raya sólo le quedaba esperar a la Gestapo o a los chequistas de la GPU, el aparato policiaco gobernante más poderoso en la URSS que se ramificaba por todo el mundo, sin detenerse para matar si era necesario y de manera sumaria. Koestler dudaba, pero le dio varias oportunidades a su militancia comunista, por ejemplo ante el golpe de Franco en España; la lealtad al partido era lo fundamental, a costa de la misma individualidad. “La lealtad al partido significaba, por supuesto, una obediencia incondicional, y significaba además repudiar a los amigos que se hubieran desviado de la línea del partido, o que por alguna razón hubieran caído bajo sospecha. Casi inconscientemente aprendí a vigilar todos mis pasos, palabras y pensamientos” (p. 402). En su caminar por Europa, Koestler sufrió prisiones en varios países, fue testigo de la Segunda Guerra Mundial y de sus estragos. Fue la hora de la ruptura con el comunismo y su conversión en escritor profesional, en el “intelectual público” al que hace referencia Tony Judt. Fue el momento en el que escribió su obra fundamental conocida en español como El cero y el infinito, que influyó para toda una época, a pesar de los anatemas dictados en su contra por la red de aparatos poderosos de los partidos comunistas; pero no sólo, también por intelectuales, esencialmente franceses, que supuestamente se habían arrodillado a los pies del proletariado, que ahora actuaba un papel central en las repúblicas que surgieron después de 1945 en Francia e Italia. El cero y el infinito es la explicación de cómo la revolución devora a sus hijos, como se decía del mítico dios Saturno. En concordancia, dice: “También es cierto que frente a una injusticia repugnante, la única actitud honrosa es la rebelión; pero si uno compara los nobles ideales en cuyo nombre se inician las revoluciones con el triste fin a que suelen llegar, comprendo que una sociedad impura mancha hasta a sus vástagos más revolucionarios” (p. 294). Es una novela del siglo de los totalitarismos, en este caso el soviético, para el que no tenían ojos los que sólo veían las atrocidades de Hitler a través de los emblemáticos campos de exterminio como el de Auschwitz. En esta obra se explica cómo los grandes líderes bolcheviques testificaron y se auto imputaron de cometer actos contrarrevolucionarios atroces y adoptaron ese mecanismo para prestar el último servicio al partido antes de pasar al patíbulo. Durante la Gran Purga en la URSS, Stalin emitió una Constitución como mecanismo distractor para, simultáneamente, matar, asesinar a miles de seres humanos, dándole un signo de muerte al totalitarismo que manchó al marxismo injustamente; y cuando digo esto, pienso en el Marx del Manifiesto Comunista en el que postuló una sociedad en la que el libre desarrollo de cada quien era condición del libre desarrollo de todos. Algo que jamás se vió –ni podía verse– en el totalitarismo soviético. Fue la era en la que la prioridad absoluta era “el partido”, pero también de cómo se ejerció una “prostitución política” (p. 661) por escritores y artistas que sabían callar, estar en silencio frente al crimen, que todo lo olvidaban. Además, sabían que “no es el terror, sino la existencia de esta organización ubicua sin la cual nada puede hacerse, lo que define la estructura del Estado policial totalitario” (p. 451). La lección que se infiere de esto es que el sistema democrático no puede contra el totalitarismo que hoy sigue presente en el mundo y está, de nuevo, en germen, en muchas partes del planeta, derrotando democracias, valiéndose y porfiándose de la misma. El cero y el infinito se publicó en 1940 y fue un célebre éxito de librería que influyó en grandes decisiones tomadas en Francia. Ese año la guerra se extendía, los aliados sofocaron a las potencias del Eje, pero el mundo soviético sobrevivió, se expandió con estados satélites en el Este de Europa y colapsó a fines de los años ochenta. Este hecho hizo indispensable la lectura de Koestler. No pasó por alto, aunque esto poco se toca en las memorias, que en la...]]></description>
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<p>“Los felices pocas veces son curiosos; los que están cómodamente arrellanados en la jerarquía social no tienen motivos para destruir el sistema convencional de valores ni para edificar nuevos sistemas”. —A. Koestler.</p>
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<p>Arthur Koestler (1905-1983), si nos atenemos a la autorizada opinión de Tony Judt, es uno de los últimos intelectuales públicos de la época contemporánea. Su vasta obra contribuye con creces a tener por certera esta apreciación: de origen húngaro, se formó en la Europa Central que tuvo por capital Viena; viajero espontáneo o migrante forzado, sionista de la primera época, novelista prolífico, aventurero y frecuentador de burdeles metafísicos, periodista y cronista consumado; testigo de la Revolución húngara dirigida por Béla Kun; comunista en una etapa en la que se soñaba con una luminosa Unión Soviética de alternativa a lo que sucedía en el llamado “mundo occidental”; preso político en España durante la Guerra Civil y otros países; agente de primer nivel de la Internacional Comunista y escritor profesional que dedicó los últimos años de su vida a formular una de las más audaces y agudas críticas al totalitarismo nazi, particularmente el soviético. Todos estos datos bastarían para penetrar en el conocimiento de su obra.</p>



<p>Personalmente había leído algunos de sus libros, en particular la ya clásica <em>El cero y el infinito</em>; pero ahora que he tenido la oportunidad de leer sus <em>Memorias</em>, me he percatado de la pertinencia de estudiarlo a mayor profundidad, pero lamentablemente a destiempo.</p>



<p>Ni remotamente me puedo referir a las casi mil páginas que componen sus recuerdos históricos y personales, algunos narrados mostrando por adelantado lo que consideraba sus propias debilidades, frecuentemente ocultadas por quienes escriben este tipo de textos, no se diga lo que tiene que ver con la vida amorosa y sexual de los actores.</p>



<p>Por eso no es extraño que en diversos momentos de la obra recuerde las autobiografías que en su tiempo hicieron otros dos notables: Rousseau y Celine. Más allá de estos los que algún día profesamos el comunismo debiéramos darnos la oportunidad de vernos en la historia de este distinguido intelectual. Aquí sólo me voy a referir a algunos apartados de su autobiografía, especialmente los que tendrían a mi juicio una trascendencia para los tiempos que estamos viviendo.</p>



<p>Dice Koestler que todos los que ingresaban al partido –en su caso al comunista alemán– lo hacían de la mano de un “gurú” que los conducía hacia una tierra prometida, en la que el hombre mismo se iba a reformar en pos de una nueva humanidad. Cuando yo ingresé al PCM fue en la casa del maestro albañil Félix Guzmán, al que recuerdo con cariño y respeto, por parte del aparato estuvo el experimentado José Viescas. Ahora pienso que la ceremonia fue similar.</p>



<p>Koestler llega a la juventud en etapa difícil, en una Europa devastada por la Primera Guerra Mundial y el colapso o caída de los grandes imperios, como el guillermino, siempre con ambiciones expansivas y amante de hegemonías, y lo más doloroso para él, la desmembración del Imperio austro-húngaro, que era un gran hervidero de nacionalidades.</p>



<p>Fue para Koestler una época de desilusiones y de nostalgias, avizorada ya por otros pensadores que brillaron antes de la guerra, y que fueron alimentando lo que el autor cataloga de “sed de absoluto” (p. 65) que con mucha facilidad podría derivar, para hombres y mujeres, en la búsqueda de tierras prometidas y toda clase de utopías, entre las cuales descollaba ir al encuentro de Palestina para reconstruir el viejo hábitat bíblico; en ese sentido, no escatimó dejar inconclusos sus estudios para marchar a la búsqueda de un hogar para los judíos, milenariamente desterrados y estigmatizados.</p>



<p>La timidez lo acompañaba y la suplía con chispas de vida que derivaban en virajes drásticos. Ahí comprende que hay sistemas abiertos y cerrados de pensamiento, y que muchas de sus decisiones fundamentales se deben más a una entrega emocional que “a los argumentos justificativos” de los complejos sistemas filosóficos (p. 113). Se liga, por eso, a la naciente escuela sicoanalítica a la que recurrentemente acude para explicar qué es él y qué son los otros también. Tuvo el valor para preguntarse: “¿Cómo valorar el discernimiento y confiar en las facultades críticas de una persona cuyas inclinaciones políticas, según su propia confesión, se debían a semejantes y absurdas circunstancias sentimentales?” (p. 113). Esto marca su forma de explicar la propia vida, sin las omisiones o los ornamentos tan frecuentes del género de las memorias autobiográficas.</p>



<p>Esa “sed de absoluto” se la explica en parte con la metáfora bíblica de la oferta que le hace Labán a Jacob de que trabaje siete años para darle en matrimonio a la bella Raquel, pero al final –luego de laborar para obtener la meta– le entrega a la mayor, Lía.</p>



<p>En un tiempo que todo parece basura en la Europa devastada, esa sed que puede ser catalogada por el autor como “deshidratación del alma” (p. 575) se puede salvar adhiriéndose a un absoluto, a lo incondicionado, a lo opuesto a lo relativo, por tanto supuestamente perfecto, incomparable o primordial. Pero más mezquinamente ese absoluto puede ser la raza, la clase social, el partido, el dogma, y con ellos siempre la oferta de un paraíso futuro por el que hay que luchar sin oponer condiciones; la realidad le dijo que a lo que se llegaría es a la servidumbre totalitaria.</p>



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<p>Koestler, como periodista de primera línea, conoció el mundo de entreguerras, vio que el fascismo llegaba inexorable y que eso representaba una crisis para Europa y el mundo, y fue presa y cautivado para decirlo de manera más entendible, de una URSS que en medio de la gran crisis del capitalismo en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, sacaba adelante sus planes quinquenales, decretados por un Stalin todopoderoso y en un vasto imperio que jamás había experimentado vida democrática alguna. ¿Pero qué era esa democracia? En síntesis, era la República de Weimar, que había surgido de los escombros que dejó el conflicto bélico. Una república que nace en 1919 y que se hizo con las ideas del jurista liberal Hugo Preuss en un marco de reconocimiento de que toda autoridad política pertenece al cuerpo ciudadano (acababa de fenecer una monarquía hereditaria), con reparto federalista y Estado de derecho. Esa democracia fue destruida por los nazis y no vivió más de tres lustros, insuficientes para consolidarla, más que todo por los conflictos heredados de una posguerra en calidad de primer derrotado.</p>



<p>Koestler lo entiende en sus memorias así:</p>



<p>“Decíamos ‘democracia’ solamente como rezando, y poco después la nación más grande de Europa votó, mediante métodos perfectamente democráticos, la entrega del poder a sus propios asesinos. Venerábamos la voluntad de las masas y su voluntad resultó ser la muerte y la propia destrucción” (p. 252).</p>



<p>En esto Koestler aporta una visión dramática de lo que fueron los liberales de esta época que “paseábamos por los silenciosos corredores de nuestra ciudadela de la democracia alemana, saludándonos mutuamente con una sonrisa y la frase ‘tenga la amabilidad de inclinar la cabeza, por favor’. Y nos tocábamos la nuca para cerciorarnos de que la cabeza seguía sólidamente unida al cuello. La República de Weimar estaba condenada. El liberalismo alemán había traicionado sus ideas y se había deshonrado sin mejorar sus perspectivas de supervivencia. Esperar la salvación por este lado era absurdo” (p. 273).</p>



<p>La nueva fe que adoptó era la nueva esperanza comunista que profesó con la aceptación de sus dogmas y la disciplina más atroz que uno pueda imaginar. Fueron los tiempos de “polarizaciones arbitrarias” (p. 306), de bandazos ordenados desde Moscú a través de la Komintern y la deshonra que llegó después a la hora que Stalin y Hitler se dan la mano y provocan un terremoto casi demencial en el movimiento comunista, que ahora tenía que ver como aliado al más feroz de los adversarios fascistas, jamás imaginado. Eran las dificultades de ser neutral, y en esos tiempos quien se salía de la raya sólo le quedaba esperar a la Gestapo o a los chequistas de la GPU, el aparato policiaco gobernante más poderoso en la URSS que se ramificaba por todo el mundo, sin detenerse para matar si era necesario y de manera sumaria.</p>



<p>Koestler dudaba, pero le dio varias oportunidades a su militancia comunista, por ejemplo ante el golpe de Franco en España; la lealtad al partido era lo fundamental, a costa de la misma individualidad. “La lealtad al partido significaba, por supuesto, una obediencia incondicional, y significaba además repudiar a los amigos que se hubieran desviado de la línea del partido, o que por alguna razón hubieran caído bajo sospecha. Casi inconscientemente aprendí a vigilar todos mis pasos, palabras y pensamientos” (p. 402).</p>



<p>En su caminar por Europa, Koestler sufrió prisiones en varios países, fue testigo de la Segunda Guerra Mundial y de sus estragos. Fue la hora de la ruptura con el comunismo y su conversión en escritor profesional, en el “intelectual público” al que hace referencia Tony Judt. Fue el momento en el que escribió su obra fundamental conocida en español como <em>El cero y el infinito</em>, que influyó para toda una época, a pesar de los anatemas dictados en su contra por la red de aparatos poderosos de los partidos comunistas; pero no sólo, también por intelectuales, esencialmente franceses, que supuestamente se habían arrodillado a los pies del proletariado, que ahora actuaba un papel central en las repúblicas que surgieron después de 1945 en Francia e Italia.</p>



<p><em>El cero y el infinito</em> es la explicación de cómo la revolución devora a sus hijos, como se decía del mítico dios Saturno. En concordancia, dice: “También es cierto que frente a una injusticia repugnante, la única actitud honrosa es la rebelión; pero si uno compara los nobles ideales en cuyo nombre se inician las revoluciones con el triste fin a que suelen llegar, comprendo que una sociedad impura mancha hasta a sus vástagos más revolucionarios” (p. 294). Es una novela del siglo de los totalitarismos, en este caso el soviético, para el que no tenían ojos los que sólo veían las atrocidades de Hitler a través de los emblemáticos campos de exterminio como el de Auschwitz. En esta obra se explica cómo los grandes líderes bolcheviques testificaron y se auto imputaron de cometer actos contrarrevolucionarios atroces y adoptaron ese mecanismo para prestar el último servicio al partido antes de pasar al patíbulo.</p>



<p>Durante la Gran Purga en la URSS, Stalin emitió una Constitución como mecanismo distractor para, simultáneamente, matar, asesinar a miles de seres humanos, dándole un signo de muerte al totalitarismo que manchó al marxismo injustamente; y cuando digo esto, pienso en el Marx del Manifiesto Comunista en el que postuló una sociedad en la que el libre desarrollo de cada quien era condición del libre desarrollo de todos. Algo que jamás se vió –ni podía verse– en el totalitarismo soviético.</p>



<p>Fue la era en la que la prioridad absoluta era “el partido”, pero también de cómo se ejerció una “prostitución política” (p. 661) por escritores y artistas que sabían callar, estar en silencio frente al crimen, que todo lo olvidaban. Además, sabían que “no es el terror, sino la existencia de esta organización ubicua sin la cual nada puede hacerse, lo que define la estructura del Estado policial totalitario” (p. 451).</p>



<p>La lección que se infiere de esto es que el sistema democrático no puede contra el totalitarismo que hoy sigue presente en el mundo y está, de nuevo, en germen, en muchas partes del planeta, derrotando democracias, valiéndose y porfiándose de la misma.</p>



<p><em>El cero y el infinito</em> se publicó en 1940 y fue un célebre éxito de librería que influyó en grandes decisiones tomadas en Francia. Ese año la guerra se extendía, los aliados sofocaron a las potencias del Eje, pero el mundo soviético sobrevivió, se expandió con estados satélites en el Este de Europa y colapsó a fines de los años ochenta. Este hecho hizo indispensable la lectura de Koestler. No pasó por alto, aunque esto poco se toca en las memorias, que en la época de la Guerra Fría hubo una deriva en la que muchos intelectuales, originalmente comunistas, se plegaron, e incluso fundaron, el neoconservadurismo en Estados Unidos; a Koestler a veces se le ve en ese conjunto. Yo lo aprecio distante de esa clasificación.</p>



<p>La autobiografía que ahora se publica en un solo volumen, apela en su primera parte a una metafórica flecha en el azul en la que las metas van viajando hacia un destino plausible, prometido, más emocional en este caso que justificado; pero en la segunda parte, Koestler deja esa flecha y habla de la escritura invisible, pensada desde una prisión, a la espera de ser fusilado, con lo que quiere dar a entender que hay términos de la realidad íntima de las personas que son un texto que no se puede leer como los hechos que se fichan, fechan y clasifican, pero que bastan para alterar la estructura propia de la existencia de un ser humano. Hay en esto una dosis de aproximación a la mística, tan ajena en la formación de un comunista.</p>



<p>Fue el momento en el que quemó sus naves y empezó por recordar una frase de Pablo Picasso: “Fui hacia el comunismo como quien va a un manantial de agua fresca”. Koestler replica para sí: “Fui hacia el comunismo como quien va a un manantial de agua fresca, y abandoné el comunismo como quien sale arrastrándose de un río emponzoñado por los despojos de ciudades inmundas y los cadáveres de los ahogados”. Es Koestler un indignado, o en sus términos, un rebelde. </p>



<p>Sus <em>Memorias</em> nos dejan testimonio de lo que es un excomunista que razona los porqué se bajó de la nave, precisamente por rebelde. Él lo dijo al menos en dos momentos de sus memorias: “Lo que distingue al rebelde crónicamente indignado del revolucionario consciente, es que el primero es capaz de cambiar de causa, y el segundo, no. El rebelde dirige su indignación de pronto contra esta injusticia, de pronto contra aquella; el revolucionario es un hombre que odia con método, que ha reunido toda su capacidad de odio en un solo objeto (…). De todos modos, el rebelde, a pesar de sus fatigosas excomuniones e igualmente fatigosos entusiasmos, es un tipo más atractivo que el revolucionario” (p. 290-291). Concluyendo así: “Un revolucionario puede identificarse con el poder, pero un rebelde no; y yo era un rebelde, no un revolucionario” (p. 526).</p>



<p>Éticamente estos cortes de bisturí político me parecen muy importantes porque contribuyen a dar significación a muchos seres humanos que murieron realizando una enorme tarea de redención –empleo el término con connotaciones religiosas– porque actuaron conforme a profundas causas, motivos y razones que valían por sí mismas, independientemente de que los aparatos partidarios los consideraran diminutas partes de un engranaje en el que los medios y la dignidad humana tuvieron más valor que los fines. Esto sucedió realmente en medio de un gran molino de carne humana.</p>



<p>Cuando hace unos días terminé de leer esta autobiografía hilvané estas ideas. Tomé en cuenta, por lo mucho que se habla de Rusia, el consejo dado por Nicolái Gógol en Las almas muertas: “Les ruego que recuerden el deber que tiene el ser humano en cualquier lugar”. Y por lo que a mí toca, quiero entender que me troquela la indignación y la rebeldía que me llevó a estar en contradicción con los enemigos de mi pueblo.</p>



<p style="font-size:15px">————————————————<br>KOESTLER, Arthur. <em>Memorias</em>. Editorial Lumen. España, 2023. En esta edición se publica en un solo volumen la autobiografía que el autor realizó años atrás en dos libros: el primero, Flecha en el azul, y el segundo La escritura invisible, traducidos por J.R. Wilcock y Alberto Luis Bixio, respectivamente.</p>
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		<title>Una dimensión histórica de la Liga Comunista 23 de Septiembre</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/una-dimension-historica-de-la-liga-comunista-23-de-septiembre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Mar 2025 11:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amartemas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
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					<description><![CDATA[A mediados de marzo de 2024 llegó a librerías, con un escaso tiraje de 500 ejemplares, la obra La fundación de la Liga Comunista 23 de Septiembre, del sociólogo Enrique Condés Lara. El presente texto no pretende reseñar un trabajo que casi alcanza las 600 páginas, que presenta una detallada bibliografía y sobre todo referencias documentales del movimiento armado mexicano. Simplemente quiere llamar la atención en un punto particular que paso a comentar. El libro se abre con estas palabras: “El 23 de septiembre de 1965, en Madera –un pueblo de la sierra de Chihuahua–, un grupo guerrillero de 13 estudiantes, maestros y campesinos, asaltó el cuartel militar de la zona. El resultado fue la derrota del grupo: seis soldados y ocho guerrilleros muertos. Los soldados fueron sepultados con honores, los guerrilleros fueron exhibidos en la plaza principal como escarmiento para la población, y después arrojados sus cuerpos en una fosa común (…). Casi ocho años después, el 15 de marzo de 1973, en la ciudad de Guadalajara, se fundaba la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S), posiblemente la organización guerrillera más importante y controvertida de México”. Si he transcrito esta larga cita, es porque resulta obligado distinguir entre la primera guerrilla, que encabezaron Arturo Gámiz García y Pablo Gómez Ramírez, de lo que luego fue la famosa Liga que se asumió como continuadora, aprovechando simbólicamente la fecha del asalto en Madera, como asumiéndose en calidad de continuadores de una ardua guerra contra el Estado mexicano, su ejército, la burguesía, o una especie de albaceazgo para ejecutar la voluntad de un testamento que se selló con sangre en la sierra chihuahuense. Empezaré por una diferencia esencial: la guerrilla chihuahuense fue producto casi final de una gran lucha campesina, de masas, con presencia pública por sus reclamos a un Estado que no asumía la demanda de la reforma agraria, acorde con el artículo 27 que salió del Congreso Constituyente de 1917. Se trató de una guerrilla rural, como rural fueron las de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. La Liga, en cambio, fue fundamentalmente urbana y siguió los pasos de una lógica de vanguardia política que reconocía para sí y para el pueblo de México el comunismo, con todo lo que eso significaba en una fase en la que la Guerra Fría aún jugaba un rol importante en el mundo entero. Sólo por recordarlo diré que para Gámiz y su grupo el Partido Comunista “le hacía al cuento”, lo que ponía distancia de una visión de partidos de izquierda que tomaron el modelo que se impuso por la Internacional Comunista. En la etapa de Stalin, todos los partidos políticos, a su modo, fueron estalinistas. El PCM, el PPS y el efímero POCM. Pero dejemos esta digresión. La obra de Condés Lara sirve, y tiene pertinencia, para aclarar qué fue de la primera guerrilla y qué fue de los seguidores que vinieron después, en especial la LC23S. Para mí la obra es fundamental para hacer distinciones, más porque se refiere a un contexto en el que se recuerda a Raúl Ramos Zavala, a los cristianos que optaron por los pobres, a las confluencias que se dieron, y el papel que en esto jugó el grupo de Diego Lucero Martínez, asesinado en Chihuahua por el gobernador Óscar Flores Sánchez, y las vicisitudes que acompañaron a la Liga en sus primeros años, en la pretensión de jugar en dirección de una organización partidaria, con frentes de guerra en Guadalajara, Monterrey, Ciudad Juárez, entre otras ciudades. Quienes vivimos aquella etapa, sabemos de los nexos que se buscaban con el guerrillero Lucio Cabañas, las dificultades siempre peligrosas con el grupo Los Enfermos, y cómo se fue desenvolviendo la acción de la Liga hasta llegar a la etapa sangrienta de la llamada Guerra Sucia, en la que el Estado mexicano, de espaldas a toda legalidad, asesinó y desapareció a mansalva a hombres y mujeres que tomaron las armas, entre otras razones porque el Estado mexicano se mostraba cerrado y respondía con represión a todo movimiento social, fuera estudiantil, obrero, campesino, como lo demuestra la ocupación del Politécnico Nacional, la Matanza del 2 de Octubre del 68 y el 10 de junio del 71, o la represión a ferrocarrileros, médicos y copreros, en fin, tantas luchas que sin más fueron aplastadas brutalmente con un alto saldo de presos políticos. La obra de Enrique Condés, a mi juicio, es de obligada lectura. No porque esté de acuerdo con todo lo que en ella se afirma y concluye, sino porque es un libro documentado, riguroso, como corresponde a un autor que lo respalda su militancia en la izquierda y su oficio de investigador más que acreditado con obras importantes y desde una perspectiva abierta y crítica. El libro cuenta con un breve prólogo de Cristina Gómez Álvarez, y fue publicado con el patrocinio de la Secretaría de Cultura del gobierno de México, con el aval del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, y bajo el sello editorial de Altres Costa-Amic, establecida en Puebla. Este libro es una gran puerta para entender una etapa de la vida política de México con la presencia de hombres y mujeres que tomaron las armas con la meta de transformar al país.]]></description>
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<p>A mediados de marzo de 2024 llegó a librerías, con un escaso tiraje de 500 ejemplares, la obra <em>La fundación de la Liga Comunista 23 de Septiembre</em>, del sociólogo Enrique Condés Lara. El presente texto no pretende reseñar un trabajo que casi alcanza las 600 páginas, que presenta una detallada bibliografía y sobre todo referencias documentales del movimiento armado mexicano. Simplemente quiere llamar la atención en un punto particular que paso a comentar.</p>



<p>El libro se abre con estas palabras: “El 23 de septiembre de 1965, en Madera –un pueblo de la sierra de Chihuahua–, un grupo guerrillero de 13 estudiantes, maestros y campesinos, asaltó el cuartel militar de la zona. El resultado fue la derrota del grupo: seis soldados y ocho guerrilleros muertos. Los soldados fueron sepultados con honores, los guerrilleros fueron exhibidos en la plaza principal como escarmiento para la población, y después arrojados sus cuerpos en una fosa común (…). Casi ocho años después, el 15 de marzo de 1973, en la ciudad de Guadalajara, se fundaba la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S), posiblemente la organización guerrillera más importante y controvertida de México”.</p>



<p>Si he transcrito esta larga cita, es porque resulta obligado distinguir entre la primera guerrilla, que encabezaron Arturo Gámiz García y Pablo Gómez Ramírez, de lo que luego fue la famosa Liga que se asumió como continuadora, aprovechando simbólicamente la fecha del asalto en Madera, como asumiéndose en calidad de continuadores de una ardua guerra contra el Estado mexicano, su ejército, la burguesía, o una especie de albaceazgo para ejecutar la voluntad de un testamento que se selló con sangre en la sierra chihuahuense.</p>



<p>Empezaré por una diferencia esencial: la guerrilla chihuahuense fue producto casi final de una gran lucha campesina, de masas, con presencia pública por sus reclamos a un Estado que no asumía la demanda de la reforma agraria, acorde con el artículo 27 que salió del Congreso Constituyente de 1917. Se trató de una guerrilla rural, como rural fueron las de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas.</p>



<p>La Liga, en cambio, fue fundamentalmente urbana y siguió los pasos de una lógica de vanguardia política que reconocía para sí y para el pueblo de México el comunismo, con todo lo que eso significaba en una fase en la que la Guerra Fría aún jugaba un rol importante en el mundo entero. Sólo por recordarlo diré que para Gámiz y su grupo el Partido Comunista “le hacía al cuento”, lo que ponía distancia de una visión de partidos de izquierda que tomaron el modelo que se impuso por la Internacional Comunista.</p>



<p>En la etapa de Stalin, todos los partidos políticos, a su modo, fueron estalinistas. El PCM, el PPS y el efímero POCM. Pero dejemos esta digresión. La obra de Condés Lara sirve, y tiene pertinencia, para aclarar qué fue de la primera guerrilla y qué fue de los seguidores que vinieron después, en especial la LC23S.</p>



<p>Para mí la obra es fundamental para hacer distinciones, más porque se refiere a un contexto en el que se recuerda a Raúl Ramos Zavala, a los cristianos que optaron por los pobres, a las confluencias que se dieron, y el papel que en esto jugó el grupo de Diego Lucero Martínez, asesinado en Chihuahua por el gobernador Óscar Flores Sánchez, y las vicisitudes que acompañaron a la Liga en sus primeros años, en la pretensión de jugar en dirección de una organización partidaria, con frentes de guerra en Guadalajara, Monterrey, Ciudad Juárez, entre otras ciudades.</p>



<p>Quienes vivimos aquella etapa, sabemos de los nexos que se buscaban con el guerrillero Lucio Cabañas, las dificultades siempre peligrosas con el grupo Los Enfermos, y cómo se fue desenvolviendo la acción de la Liga hasta llegar a la etapa sangrienta de la llamada Guerra Sucia, en la que el Estado mexicano, de espaldas a toda legalidad, asesinó y desapareció a mansalva a hombres y mujeres que tomaron las armas, entre otras razones porque el Estado mexicano se mostraba cerrado y respondía con represión a todo movimiento social, fuera estudiantil, obrero, campesino, como lo demuestra la ocupación del Politécnico Nacional, la Matanza del 2 de Octubre del 68 y el 10 de junio del 71, o la represión a ferrocarrileros, médicos y copreros, en fin, tantas luchas que sin más fueron aplastadas brutalmente con un alto saldo de presos políticos.</p>



<p>La obra de Enrique Condés, a mi juicio, es de obligada lectura. No porque esté de acuerdo con todo lo que en ella se afirma y concluye, sino porque es un libro documentado, riguroso, como corresponde a un autor que lo respalda su militancia en la izquierda y su oficio de investigador más que acreditado con obras importantes y desde una perspectiva abierta y crítica.</p>



<p>El libro cuenta con un breve prólogo de Cristina Gómez Álvarez, y fue publicado con el patrocinio de la Secretaría de Cultura del gobierno de México, con el aval del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, y bajo el sello editorial de Altres Costa-Amic, establecida en Puebla.</p>



<p>Este libro es una gran puerta para entender una etapa de la vida política de México con la presencia de hombres y mujeres que tomaron las armas con la meta de transformar al país.</p>
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