No huelga decir que Olga, la señora que despacha en Bucareli como secretaria de Gobernación ha demostrado enorme incapacidad para el alto cargo que ocupa por designación del presidente López Obrador. Sus acciones denotan un profundo vacío ahí, pero por ser tal no se ve y cuando ocupa algún espacio le va peor. 

Su reciente cortesanía, ruín y burlona en Baja California, y frente al pretendiente de la usurpación, Jaime Bonilla, la pinta de cuerpo entero en dos sentidos, mínimo, de una parte por su mitomanía que subraya que puede tener, sobre un mismo problema, dos opiniones absolutamente contradictorias; y la otra, que se llama engaño, cuando se hace la ignorante de que la estaban filmando frente a las carcajadas de beneplácito del gobernador morenista que desmiente todos los compromisos democráticos en el país. 

Falta de oficio, está demostrado. No es lo mismo estar en una torre de cristal como fue la Corte hasta hace muy poco, que en el campo de los intereses contrapuestos como los que se están largando en la parte norte de la península californiana. 

Que se debe ir. Sería la salida digna mediante una renuncia. Que la deben botar. Se ve lejano, porque el jefe nunca se equivoca y cuando se equivoca vuelve a mandar. Así que, a aguantar, mexicanos.