masones-apoyan-duarte-15oct2014

Para nadie es un secreto que el papel actual de la masonería dista mucho de ser lo que fue, en el mundo y en México. Es bueno recordarles, a los chivos prietos de hoy, que un día el liberal Benito Juárez, siendo gobernador del estado de Oaxaca, se negó a asistir a un tedéum en la catedral para marcar lo que es un estado moderno, secular, laico, respetuoso de todas las creencias y no sumiso a ninguna visión del mundo en la que las instituciones civiles dejan de ser una dependencia de la iglesia, como en los tiempos de la Colonia y el santanismo, por poner un ejemplo. La masonería actual y sus logias se han olvidado del simbolismo de la rectitud que entraña la escuadra, la perfección del círculo que se traza con el compás y también de su deísmo que rindió culto a la razón sin negar a Dios en la versión de un Supremo arquitecto del universo. De antaño se sabe que ser deísta es adoptar un ateísmo vergonzante. Pero dejémonos de reminiscencias y vayamos a lo de ahora.

La Confederación de Grandes Logias Regulares de los Estados Unidos Mexicanos y la Gran Logia Cosmos de Chihuahua, la primera por boca de Raúl Arturo Gómez Mariscal y la segunda en labios de Guillermo López Nájera, confluyeron en Ciudad Juárez para rendirle loas y ditirambos al cacique César Horacio Duarte Jáquez, quien seguramente patrocinó el evento con fondos públicos, conjeturo. Elogian a Duarte por la aprobación de la reforma energética (¿?), aunque la misma les sea distante porque él no aprobó absolutamente nada, simplemente se plegó a los designios de los centralismos nacional e imperial, y desde luego que la toman como una oportunidad para sus negocios. Olvidan también estos masones que fue otra institución, traicionando a la patria, la que aprobó y quieren venir a presentar a Duarte como un factor de la política nacional, que presume y no es.

Pero se les olvidó lo más importante y que derivaría de la esencia masónica y juarista: sí, se les olvidó que César Duarte, a decir de un prestigiado autor, es el exponente número uno en cien años de violación al Estado laico mexicano, por haber “consagrado” al estado al sagrado corazón de Jesús. Qué amnesia la de estos masones, qué traición. Son, además, de varios estados de la república, pero tienen un común denominador: son agentes de un viejo PRI lambiscón, y para decirlo rápido, grado 33.

Estos masones están en sueños; ojalá nunca despierten.