Jaime García Chávez

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Ricardo Anaya el parricida

Debemos reconocer a la pluma del periodista Froylan Castañeda que haga el recuento de los cadáveres que Ricardo Anaya ha dejado en el camino. Como suele suceder en estas listas –y la de Schindler no excepción– ni están todos los que son, ni son todos los que están.

Lo cierto es que el discípulo de Peña Nieto es certero en sus tiros a la cabeza, pero no sólo produce muertes instantáneas con su acción, sino también momentos en el que el entumecimiento cerebral genera estados de perplejidad en los prominentes panistas Javier Corral Jurado y Gustavo Madero Muñoz, este último la primera víctima queretana de esta historia, por la sencilla razón de que jamás entendió que en los proyectos de poder, como en la historia mitológica de Saturno –cambiando lo que haya que cambiar–, hay dioses que devoran a sus padres. Hay parricidios que se aligeran cuando soplan los vientos de don Porfirio.

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Categories:   Columna

Comments

  • Posted: 11 diciembre, 2017 20:38

    victor bueno

    Todo es arquitectura paralítica en barrios encallados, campamentos de nómadas urbanos, ciudades de la ciudad saturados de costurones de cicatrices, callejas en carne viva ante la vitrina de los ataúdes; pilares de la noche vana y del amanecer en el bar a la deriva, es el dehielo del enorme espejo donde los bebedores alucinados contemplan la disolución de sus facciones y de las quimeras iluciones. ¡Hea pues! Despetad el alba y construir el montón de palabras rotas, sacudir las esquinas polvosas para ponerle eje a los escritos hendidos y preguntar, ¿qué leyes rígen "éxito" y "fracaso? Caminando hacia la plazuela del Hidalgo libertador, el espacio está adentro y todo es triunfo redentor; no es un edén, es la plaza de congregación y consagración en el latido del tolerante tiempo y la nobleza del presente.